SUMAMOS, PERO…
Por Pedro Gambetta / Arquitecto.
Por Pedro Gambetta / Arquitecto.
Sumamos, y eso está bien. Sin embargo, fuimos más que nuestro oponente y no arriesgamos.
Perú sólo nos agredió cuando tiró centros cruzados. Más culpa nuestra que virtud de ellos. Un punto débil que después de décadas aún no superamos como Selección, y que Pinto tendrá que trabajar especialmente.
El planteamiento de hoy sábado, un severo 4-3-1-2, puede funcionarnos de visitantes y frente a un equipo como Perú, timorato después de los cuestionamientos por la goleada de hace unos días frente a México. Pero cuando visitemos a equipos con mentalidad ganadora y múltiples variantes, como Brasil, con ese esquema se nos vendrá el mundo encima.
Por dos razones.
La primera, es que al depender de Macnelly Torres como único generador de juego y nexo con los dos atacantes, limitamos la llegada y exponemos demasiado a la marca a un solo jugador.
La segunda, complementaria a la anterior, es que los tres mediocampistas a la espalda de Macnelly, Guarín, Sánchez y Vargas, además de que no tienen vocación para desprenderse y alternar con él, tienden a ubicarse todos en la zona central, que es lo que saben hacer en sus equipos. Excepto Guarín, que no tuvo problemas, pues en el Sant Ettiene viene jugando casi de delantero, y añoraba el puesto de volante central que Pinto le asignó.
Así las cosas, Colombia se notó partida en los dos últimos cuartos de cancha, y confusa en el medio campo. Con consecuencias: cuando vargas se junto con Vélez por la banda izquierda, crearon problemas a Perú, igual que Bustos y Sánchez por la derecha, pero cuando se les olvido su lugar y se fueron al centro, perdimos oportunidades de abrir la cancha y llegar en asocio, con lo cual el equipo debilitó su proyección.
La memoria táctica de Pinto en una semana de trabajo no fue asimilada por los volantes. Incluso Vargas, que en el Boca del Chino Benítez se acomodo muy bien como volante por izquierda, ya ha olvidado su papel en esa zona de la cancha.
El caso de Vargas es particularmente preocupante, pues tiene problemas de fundamentación que nunca superó como volante central, y que para Boca siempre han resultado problemáticos: se queda sin distancia en la marca, lo que le ha traído expulsiones innecesarias, y, al salir jugando, entrega mal. Por la banda izquierda siempre le ha visto mucho más cómodo…si jugara siempre por ahí.
Por último, y en resumen, entendemos el oficio que Pinto imprime a sus equipos, y le admiramos por eso, pero queda siempre la sensación de que la plenitud técnica de Colombia aún no armoniza con su esquema. Una actitud que al final del partido se reveló: con un Perú jugado al ataque, el técnico colombiano prefiere cambiar al generador de juego, Macnelly Torres, por un marcador central.
Una actitud conservadora respetable, que hace parte del temperamento de Pinto, y que eventualmente le da resultado, y hasta nos conduce al Mundial. Pero que bueno que en un momento Pinto explore el 4-2-3-1 de la Holanda de Marco Van Basten, con quién el técnico de Colombia debería conversar largamente, para que le cuente el secreto de ambicionar responsablemente la ganancia de un partido de futbol, atacando.
Con Van Basten, Colombia formaría así:
Julio;
Zúñiga, Zapata, Aquivaldo y Armero (cambiándole a Armerito el chip del ‘susto’);
Sánchez y Guarín;
Macnelly y Giovanni;
Falcao (o Perea) y Rodallega.
¡Y que viva el talento!.
Perú sólo nos agredió cuando tiró centros cruzados. Más culpa nuestra que virtud de ellos. Un punto débil que después de décadas aún no superamos como Selección, y que Pinto tendrá que trabajar especialmente.
El planteamiento de hoy sábado, un severo 4-3-1-2, puede funcionarnos de visitantes y frente a un equipo como Perú, timorato después de los cuestionamientos por la goleada de hace unos días frente a México. Pero cuando visitemos a equipos con mentalidad ganadora y múltiples variantes, como Brasil, con ese esquema se nos vendrá el mundo encima.
Por dos razones.
La primera, es que al depender de Macnelly Torres como único generador de juego y nexo con los dos atacantes, limitamos la llegada y exponemos demasiado a la marca a un solo jugador.
La segunda, complementaria a la anterior, es que los tres mediocampistas a la espalda de Macnelly, Guarín, Sánchez y Vargas, además de que no tienen vocación para desprenderse y alternar con él, tienden a ubicarse todos en la zona central, que es lo que saben hacer en sus equipos. Excepto Guarín, que no tuvo problemas, pues en el Sant Ettiene viene jugando casi de delantero, y añoraba el puesto de volante central que Pinto le asignó.
Así las cosas, Colombia se notó partida en los dos últimos cuartos de cancha, y confusa en el medio campo. Con consecuencias: cuando vargas se junto con Vélez por la banda izquierda, crearon problemas a Perú, igual que Bustos y Sánchez por la derecha, pero cuando se les olvido su lugar y se fueron al centro, perdimos oportunidades de abrir la cancha y llegar en asocio, con lo cual el equipo debilitó su proyección.
La memoria táctica de Pinto en una semana de trabajo no fue asimilada por los volantes. Incluso Vargas, que en el Boca del Chino Benítez se acomodo muy bien como volante por izquierda, ya ha olvidado su papel en esa zona de la cancha.
El caso de Vargas es particularmente preocupante, pues tiene problemas de fundamentación que nunca superó como volante central, y que para Boca siempre han resultado problemáticos: se queda sin distancia en la marca, lo que le ha traído expulsiones innecesarias, y, al salir jugando, entrega mal. Por la banda izquierda siempre le ha visto mucho más cómodo…si jugara siempre por ahí.
Por último, y en resumen, entendemos el oficio que Pinto imprime a sus equipos, y le admiramos por eso, pero queda siempre la sensación de que la plenitud técnica de Colombia aún no armoniza con su esquema. Una actitud que al final del partido se reveló: con un Perú jugado al ataque, el técnico colombiano prefiere cambiar al generador de juego, Macnelly Torres, por un marcador central.
Una actitud conservadora respetable, que hace parte del temperamento de Pinto, y que eventualmente le da resultado, y hasta nos conduce al Mundial. Pero que bueno que en un momento Pinto explore el 4-2-3-1 de la Holanda de Marco Van Basten, con quién el técnico de Colombia debería conversar largamente, para que le cuente el secreto de ambicionar responsablemente la ganancia de un partido de futbol, atacando.
Con Van Basten, Colombia formaría así:
Julio;
Zúñiga, Zapata, Aquivaldo y Armero (cambiándole a Armerito el chip del ‘susto’);
Sánchez y Guarín;
Macnelly y Giovanni;
Falcao (o Perea) y Rodallega.
¡Y que viva el talento!.
