domingo 25 de mayo de 2008

El_Globito / Columna

PREMIO AL TRABAJO Y LA LEALTAD
Si observamos los ocho equipos de las finales del fútbol colombiano, nos encontramos con un grupo de equipos que le han apostado a un trabajo de largo plazo y a consolidar jugadores con criterios distintos a contratar figuras estelares; y otro grupo que le ha apostado a un trabajo de coyuntura, sin raíz.
Al primer grupo, de donde saldrá el campeón, pertenecen La Equidad, Boyacá-Chico, el Deportivo Independiente Medellín, Envigado y América, con técnicos de varios periodos, cantera fortalecida, jugadores comprometidos. Quedando en el segundo grupo el Deportivo Cali e Independiente Santa Fe; y Quindío como el caso excepcional que confirma la regla.
Del segundo grupo Santa Fe es un caso particular, pues por fin encontró un grupo de inversores interesados en conformar un equipo importante para lograr la tan ansiada y esquiva estrella. Sin embargo, anoté en una columna escrita en este mismo Blog (lunes 28 de enero de 2008, ‘No le creo a Santa Fe) que, por más buena intención de las directivas, que se olvidarán de ser campeones este año.
Mi criterio es que un equipo conformado a retazos y a última hora, le hace falta un factor definitivo: el afecto por el club, la pertenencia, ese factor que hace que los soldados ofrezcan su vida y no lo duden.
Pero el caso más patético, es el del Deportivo Cali, equipo que precisamente despidió a Néstor Otero sin dejarlo trabajar, después de sonsacarlo del Atlético Huila; mismo técnico que ahora tiene en punta al débil Quindío.
El espíritu que gobierna al Cali es arrivista, irrespetuoso. Un equipo orientado por una mentalidad caleña negrera y burguesa, de ingenio de caña de azúcar. Tal como lo muestra su manera de contratar a sus jugadores con cláusulas de rescisión ilegales: con sumas millonarias a su favor, y en detrimento del jugador que quiera terminar el contrato.
La soberbia y deslealtad del Cali le ha llevado históricamente a desconocer los resultados de un técnico como Pedro Sarmiento que, con resultados y respetando a los jugadores de la cantera, le dio títulos y estatura al equipo, aún contra los dirigentes y los medios locales manipulados por esos mismos dirigentes.
El Cali ha traicionado a jugadores de la talla de Leider Preciado y Ricardo Siciliano, convencido de que puede encontrar éxito pasando por encima de la gente, y sin que el destino le cobre sus desafueros. Lo que el Cali ahora recoge es su intención de capitalizar sin sembrar. O peor: su pedante intención de recoger rosas sembrando cizaña en tierra seca.
A trabajar y respetar, estimados caleños, con sentido de pertenencia y apostándole a un proyecto que priorice la elevación de los seres humanos, y no los figurines momentáneos y el usufructo del noble trabajo de la gente.
Arq. Pedro Gambetta pedro_gambetta@yahoo.es