domingo 10 de febrero de 2008

El_Globito / Columna

LA CIENCIA DEL FÚTBOL

Siempre me ha parecido curiosa, por lo menos, la manera como interpretan un partido de fútbol nuestros comentaristas. Pareciera que priman en ellos dos criterios:

Aunque el deporte en general es sustancialmente el estimulo de las pasiones más básicas del ser humano (la guerra, la ebriedad, la adrenalina), en nuestros estadios ese condicionamiento toma dimensiones inauditas, por esa herencia barroca de volver carnaval cualquier reunión de más de dos personas; y los medios juegan a esa irracionalidad.

Y, en segundo lugar, los comentaristas quieren convertir el fútbol en un ámbito de reflexiones que no le corresponden, retorciendo el lenguaje y super-adjetivando los sucesos, con tal solvencia, que son capaces de convertir un simple desplazamiento de un marcador de punta por la banda, en la conmoción de una invasión extraterrestre.

Y muchos dirán que para eso se necesita, precisamente, una “inteligencia superior”, pero me parece, en ese caso, que la están desperdiciando. Carlos Antonio Vélez, por ejemplo, debería liderar en las Naciones Unidas un plan de mujeres productoras de caña de azúcar en el desierto de Sahara, y seguro que lo saca adelante.

Pero en un espacio tan pequeño como una cabina de transmisión de un insípido partido de fútbol, tanta materia gris colapsa. Y consideren que apenas estamos comenzando el campeonato, ¿se imaginan ese espectáculo de clarividencia desbordada cada ocho días?...

Señores, esto es fútbol, un juego, una diversión. Si quieren justificar sus honorarios, no lo hagan elevando a una incomprensible ciencia el encuentro de 22 atletas detrás de una pelota. Diviértanse, pero no asumiendo poses profesorales en medio de la fiesta del fútbol. Como dice mi mamá: ubícate.

Al respecto, dos consejos:

El primero es ejercitarse en la discreción, y en dejar hablar a los demás, pues en simplificar hay una gran sabiduría: “más es menos”, diría el revolucionados arquitecto Mies Van del Rohe, que odiaba la grandilocuencia en cualquier arte.

Y el segundo: coman más helado, ojala de vainilla, recubierto de chocolate y con unas cuantas almendras, una combinación perfecta para espantar cualquier atisbo de pedantería. Apréndanle a Hernán Peláez, todo un monumento al cono de tres sabores.

Arq. Pedro Gambetta

pedro_gambetta@yahoo.es / futbolvibrante@gmail.com


Bogotá, Colombia, febrero de 2008.