NO NOS ENGAÑEMOS
Con todo respeto y muy contento con los 8 puntos, no nos digamos mentira: no jugamos bien, al equipo le hace falta mucho, pero mucho.
Podemos llegar con el nadadito de perro al mundial, ganándole a todo el mundo de hambre con 20 goles de tiro libre de Bustos, pero no somos buen equipo ni estamos jugando un buen fútbol. Que pena decirlo.
El estadio y las calles pueden estar repletas de gente, abrazos van y viene, gritería y zafarrancho, y muy chévere, mientras no comencemos a emborracharnos y matarnos entre nosotros mismos, de pura felicidad, que es lo más probable. Pero que no nos obnubilen los abrazos y el patriotismo.
A mi modo de ver, el equipo tiene un problema de fondo, que posiblemente el triunfo no deja ver. Iintentaré explicarme.
El problema es de propuesta táctica, de concepción, un juego que aún no encaja con el espíritu del fútbol colombiano y que, por tanto, no interpreta el potencial del recurso humano que tenemos. Tenemos recurso, pero no estamos cómodos, no nos divertimos.
Lo voy a decir escuetamente: hay un problema de técnico. No de Pinto como persona, que seguramente tendrá diferentes calificaciones según las opiniones provengan de su esposa, del Chiqui García o de Javier Hernández Bonett.
Yo hablo de su planteamiento, rígido, falto de plasticidad, de ambición, de alegría.
Podemos llegar con el nadadito de perro al mundial, ganándole a todo el mundo de hambre con 20 goles de tiro libre de Bustos, pero no somos buen equipo ni estamos jugando un buen fútbol. Que pena decirlo.
El estadio y las calles pueden estar repletas de gente, abrazos van y viene, gritería y zafarrancho, y muy chévere, mientras no comencemos a emborracharnos y matarnos entre nosotros mismos, de pura felicidad, que es lo más probable. Pero que no nos obnubilen los abrazos y el patriotismo.
A mi modo de ver, el equipo tiene un problema de fondo, que posiblemente el triunfo no deja ver. Iintentaré explicarme.
El problema es de propuesta táctica, de concepción, un juego que aún no encaja con el espíritu del fútbol colombiano y que, por tanto, no interpreta el potencial del recurso humano que tenemos. Tenemos recurso, pero no estamos cómodos, no nos divertimos.
Lo voy a decir escuetamente: hay un problema de técnico. No de Pinto como persona, que seguramente tendrá diferentes calificaciones según las opiniones provengan de su esposa, del Chiqui García o de Javier Hernández Bonett.
Yo hablo de su planteamiento, rígido, falto de plasticidad, de ambición, de alegría.
Es como si Pinto no hubiese tenido infancia, como si a la sombra de un padre terrible y castigador sólo hubiese asimilado un afán de orden, porque nunca aprendió a hacer locuras, a ser creativo, a combinar la ley con la alegría de vivir que reside en poder contemplar un atardecer, porque nos da la gana, sin que esto sea útil para la bolsa de valores; o en disfrazarnos de payaso un día para jugar con los niños, o hacerle un streap-tease (grátis) a nuestra mujer. Todo porque sí, porque es bonito, porque sentimos el impulso trasgresor. ¿Y qué?, ¿algún problema?...
Es como si Pinto, con el mismo esquema futbolístico que trae desde chiquito, quisiera que todos los jugadores del mundo, peruanos, costarricenses, griegos, senegaleses, lo cumplieran como una lección de cartilla. Pinto no penetra la naturaleza del jugador, vive de esquemas. Así ve el mundo, y nada podemos hacer. Pero esa actitud no está dejando que ni los jugadores ni nosotros nos divirtamos, pudiendo hacerlo.
Porque nuestro fútbol es como nosotros, pícaro, técnico, travieso. ¿Qué nos hace falta efectividad y frontalidad en el juego, más verticalidad?. Pues si, pero si ganar verticalidad es esto que nos propone Pinto, aún sumando puntos me perece un precio muy caro, para el espectáculo y para la alegría de la gente. Y no se olvide que esto es un juego, una d-i-v-e-r-s-i-ó-n.
Además no creo que la única manera de lograr eso que nos hace falta sea a través de una propuesta como la de Pinto. Y en este punto debo insistir en que no es nada personal.
A todos los equipos los hemos enfrentado con un planteamiento mezquino. Incluso Argentina, con un hombre menos, no solamente nos ganaba el partido sino que lo manejaba a su antojo.
Cuando expulsan a Tevez el equipo no se replantea, no es agresivo, metido ahí en el esquemita, cuando estaba obligado a salir, a mostrar los dientes, a ser creativo, a confiar.
Colombia es un equipo especulativo al que le está sonando la flauta. Un equipo diseñado para no jugar y no dejar jugar.
De visitantes quizá nos vaya bien. Pero cada vez que de locales, o incluso de visitantes, nos toque ser ambiciosos y buscar el partido, el equipo no se podrá soltar, acostumbrado a esperar y especular.
Que pena compañeros, no quiero ser agua fiesta, pero…
Es como si Pinto, con el mismo esquema futbolístico que trae desde chiquito, quisiera que todos los jugadores del mundo, peruanos, costarricenses, griegos, senegaleses, lo cumplieran como una lección de cartilla. Pinto no penetra la naturaleza del jugador, vive de esquemas. Así ve el mundo, y nada podemos hacer. Pero esa actitud no está dejando que ni los jugadores ni nosotros nos divirtamos, pudiendo hacerlo.
Porque nuestro fútbol es como nosotros, pícaro, técnico, travieso. ¿Qué nos hace falta efectividad y frontalidad en el juego, más verticalidad?. Pues si, pero si ganar verticalidad es esto que nos propone Pinto, aún sumando puntos me perece un precio muy caro, para el espectáculo y para la alegría de la gente. Y no se olvide que esto es un juego, una d-i-v-e-r-s-i-ó-n.
Además no creo que la única manera de lograr eso que nos hace falta sea a través de una propuesta como la de Pinto. Y en este punto debo insistir en que no es nada personal.
A todos los equipos los hemos enfrentado con un planteamiento mezquino. Incluso Argentina, con un hombre menos, no solamente nos ganaba el partido sino que lo manejaba a su antojo.
Cuando expulsan a Tevez el equipo no se replantea, no es agresivo, metido ahí en el esquemita, cuando estaba obligado a salir, a mostrar los dientes, a ser creativo, a confiar.
Colombia es un equipo especulativo al que le está sonando la flauta. Un equipo diseñado para no jugar y no dejar jugar.
De visitantes quizá nos vaya bien. Pero cada vez que de locales, o incluso de visitantes, nos toque ser ambiciosos y buscar el partido, el equipo no se podrá soltar, acostumbrado a esperar y especular.
Que pena compañeros, no quiero ser agua fiesta, pero…
