miércoles 21 de noviembre de 2007

El_Globito / Columna

NO NOS ENGAÑEMOS
Con todo respeto y muy contento con los 8 puntos, no nos digamos mentira: no jugamos bien, al equipo le hace falta mucho, pero mucho.

Podemos llegar con el nadadito de perro al mundial, ganándole a todo el mundo de hambre con 20 goles de tiro libre de Bustos, pero no somos buen equipo ni estamos jugando un buen fútbol. Que pena decirlo.

El estadio y las calles pueden estar repletas de gente, abrazos van y viene, gritería y zafarrancho, y muy chévere, mientras no comencemos a emborracharnos y matarnos entre nosotros mismos, de pura felicidad, que es lo más probable. Pero que no nos obnubilen los abrazos y el patriotismo.

A mi modo de ver, el equipo tiene un problema de fondo, que posiblemente el triunfo no deja ver. Iintentaré explicarme.

El problema es de propuesta táctica, de concepción, un juego que aún no encaja con el espíritu del fútbol colombiano y que, por tanto, no interpreta el potencial del recurso humano que tenemos. Tenemos recurso, pero no estamos cómodos, no nos divertimos.

Lo voy a decir escuetamente: hay un problema de técnico. No de Pinto como persona, que seguramente tendrá diferentes calificaciones según las opiniones provengan de su esposa, del Chiqui García o de Javier Hernández Bonett.

Yo hablo de su planteamiento, rígido, falto de plasticidad, de ambición, de alegría.
Es como si Pinto no hubiese tenido infancia, como si a la sombra de un padre terrible y castigador sólo hubiese asimilado un afán de orden, porque nunca aprendió a hacer locuras, a ser creativo, a combinar la ley con la alegría de vivir que reside en poder contemplar un atardecer, porque nos da la gana, sin que esto sea útil para la bolsa de valores; o en disfrazarnos de payaso un día para jugar con los niños, o hacerle un streap-tease (grátis) a nuestra mujer. Todo porque sí, porque es bonito, porque sentimos el impulso trasgresor. ¿Y qué?, ¿algún problema?...

Es como si Pinto, con el mismo esquema futbolístico que trae desde chiquito, quisiera que todos los jugadores del mundo, peruanos, costarricenses, griegos, senegaleses, lo cumplieran como una lección de cartilla. Pinto no penetra la naturaleza del jugador, vive de esquemas. Así ve el mundo, y nada podemos hacer. Pero esa actitud no está dejando que ni los jugadores ni nosotros nos divirtamos, pudiendo hacerlo.

Porque nuestro fútbol es como nosotros, pícaro, técnico, travieso. ¿Qué nos hace falta efectividad y frontalidad en el juego, más verticalidad?. Pues si, pero si ganar verticalidad es esto que nos propone Pinto, aún sumando puntos me perece un precio muy caro, para el espectáculo y para la alegría de la gente. Y no se olvide que esto es un juego, una d-i-v-e-r-s-i-ó-n.

Además no creo que la única manera de lograr eso que nos hace falta sea a través de una propuesta como la de Pinto. Y en este punto debo insistir en que no es nada personal.

A todos los equipos los hemos enfrentado con un planteamiento mezquino. Incluso Argentina, con un hombre menos, no solamente nos ganaba el partido sino que lo manejaba a su antojo.

Cuando expulsan a Tevez el equipo no se replantea, no es agresivo, metido ahí en el esquemita, cuando estaba obligado a salir, a mostrar los dientes, a ser creativo, a confiar.

Colombia es un equipo especulativo al que le está sonando la flauta. Un equipo diseñado para no jugar y no dejar jugar.

De visitantes quizá nos vaya bien. Pero cada vez que de locales, o incluso de visitantes, nos toque ser ambiciosos y buscar el partido, el equipo no se podrá soltar, acostumbrado a esperar y especular.

Que pena compañeros, no quiero ser agua fiesta, pero…

domingo 18 de noviembre de 2007

COLOMBIA 1, VENEZUEL 0 / UN TRIUNFO AGRIDULCE
El triunfo de Colombia frente a Venezuela por un 1-0 no nos deja, para nada, satisfecho. Aunque, como diría el filosofo Pambele, siempre es mejor ganar que perder.

La victoria da tranquilidad para evaluar y ajustar nuestro proceso, pero no nos engañemos: el triunfo no es producto de una superioridad o una claridad en el manejo del partido por parte de Colombia.

Hay jugadores que no estuvieron en el partido. Unos por un mal momento, como Estiven Vélez, y otros que no deberían haber estado nunca en la convocatoria, como Aldo Leao Ramírez. Confirmamos e insistimos en que Aldo es un jugador amarillo, cobardón, que se esconde al momento de las responsabilidades. Aldo juega bien cuando vamos ganado 3-0. Ahí sí hace taquitos y rabonas.

Nunca, desde Santa Fe, me ha parecido que su dotación técnica pueda hacerlo prosperar a una categoría mayor que la del torneo del Oláya. Con el perdón de mis amigos del Oláya.

Desconcentraciones de Moreno y Bustos pudieron costarnos caro, y haberle cambiado el rumbo al partido. Bustos, a pesar del gol, no es más de local que Zúñiga, ni más de visitante que Vallejo. Pero es el dueño del tiro libre en Colombia, nada que hacer. Y en cuanto a Moreno, podrá tener 2 partidos buenos, y hasta 7, pero en algún momento añoraremos la jerarquía de Cristian Zapata, la misma jerarquía que ya la Juventus reconoció.

Grandes Aquivaldo y Sánchez, incluso Macnelly, que habría que ver como inicialísta y con continuidad, haber si es capaz de conducir el equipo.

Falcao no se encuentra en el juego de la selección, quizá por la propuesta táctica de Pinto o por la lentitud del juego colombiano, muy distinto al vértigo del fútbol argentino, donde inobjetablemente ha brillado. En la selección argentina de Basile, Falcao sería un figurón.

O Pinto interpreta el potencial de Falcao en su esquema, trabajando con sus capacidades, o que prescinda de llamarlo. Que no se sienta presionado, a nadie le sirve tener a Falcao así. No se le ve cómodo.

Castrillón cumplió, igual que Ringo Amaya, cuyas infantiles tarjetas amarillas preocupan: en cualquier momento lo expulsan y nos deja con 10, ojo. En ese sentido, no se entendió el cambio de Totono por Sánchez, el mejor jugador de Colombia, cuando era Ringo quien ha debido salir, pues tenía tarjeta amarilla.

Wason muy sólo. Sus diagonales nadie las entendió, hasta que llegó Macnelly.

Las bandas no existen en nuestra dinámica de juego. Zúñiga es una de las claves para el desarrollo de nuestro juego por fuera.
En general, Colombia aún no explota, no fluye, no convence. Al equipo le hace falta sorpresa, movilidad, alternativa sobre la marcha, luce estático e inseguro.

La concepción de nuestro juego y el recurso humano utilizado, aún no encajan. Y claro, esa inseguridad nos quita ambición. No olvidemos que la sabiduría de un técnico en una eliminatoria tan larga como ésta, residirá, precisamente, en hacer coincidir su trabajo táctico con la disponibilidad y los altibajos de los jugadores en el tiempo.

En fin, un triunfo preocupante. Aunque siempre se agradezca el triunfo.


PD. Cuanta inocultable y consecutiva mediocridad la de Selman, el arbitro chileno. ¿Hasta cuando lo mantendrán en la lista FIFA?. Vergonzosa su incapacidad.



Arq. Pedro Gambetta
pedro_gambetta@yahoo.es

Bogotá D.C, noviembre 17 de 2007.