domingo 8 de noviembre de 2009

El_Globito

JAVIER HERNANDEZ CONTRA RAMIRO VIÁFARA

Javier Hernández Bonnet, el mismo periodista deportivo que es capaz de entonar citas de memoria del fútbol inglés, iraní o chino del siglo XIX, o de las intimidades de alcoba de Amadeo Carrizo o Gerard Müller (vaya usted a saber cómo lo averigua), ha protestado insistentemente porque a la actual Selección Colombia Juvenil de fútbol, que ha logrado llegar a las semifinales del Mundial de Nigeria, “le hace falta técnico”, dice.

Y sus razones no sólo son injustas, sino injuriosas.

Hernández afirma que con la asignación de Ramiro Viáfara como director técnico se ha improvisado, desconociendo que es precisamente él – Viáfara – la persona que ha asistido durante varios años a Eduardo Lara en la dirección de nuestras selecciones juveniles de fútbol, y quien conoce, por tanto, los detalles del proceso y el manejo del recurso humano escogido. Improvisación hubiese sido, Sr. Hernández, designar en la dirección una persona distinta a Viáfara.

¿Qué otras objeciones tiene el flamante director de deportes del canal Caracol?. Veamos.

Entre otras, Hernández rechaza que tengamos “hambre con la nevera llena”, argumentando que en el banco de suplentes de Colombia han estado los jugadores que le han cambiado la cara al equipo sobre la marcha, y que son ellos, por tanto, los que merecen la titularidad. Un comentario o crítica legítima en el fútbol, donde nada está predicho.

Sin embargo, lo que resulta inadmisible es la sugerencia de Hernández de que el Presidente de la Federación de Fútbol de Colombia, Luis Bedoya, debe investigar y pedir cuentas a Viáfara al respecto, pues al periodista le resulta “muy sospechoso” que hayan sido los jugadores suplentes y no los titulares quienes hayan dado las victorias a la selección Colombia.

Adicional a elevar, de forma odiosa y mal intencionada, una discrepancia técnica a prueba de la deshonestidad de Ramiro Viáfara, el periodista asevera que “alguien” le dijo que, al preguntársele al técnico de la selección Colombia acerca de la no titularidad del jugador de apellido Blanco, este contesto: “le hace falta sangre”.

Supuesta opinión del técnico que Hernández pone en cuestión, ante la evidente actitud de lucha inclaudicable del jugador en mención. “Entonces la sangre debió traerla en frasquitos”, anota Hernández con sorna.

Al respecto, el director de deportes del canal Caracol debía decirnos quién es ese “alguien” que le permite ridiculizar y mancillar el nombre del técnico de la selección Colombia.

De lo contrario podríamos pensar que, apoyado en anónimos y chismes, Hernández no sólo hace citas históricas engañosas para fundamentar falsamente su erudición, sino que es capaz de destruir la moral de personas honorables. Tal como lo demuestra el comentario con el que remata su demoledora faena, con el poderoso micrófono en la mano: “ahí venos en las cámaras de televisión a José María Pazos dándole clase a Ramiro Viáfara (…)”.

Y nos preguntamos aquí, ¿porqué tanto odio?...

En aras de responder a la pregunta, en una primera aproximación podemos observar que Javier Hernández Bonnet ha demostrado en sus comentarios una permanente defensa a ultranza de jugadores y técnicos de origen paisa, llámense Ángel, Aristizábal, ‘Bolillo’ Gómez o Juan José Peláez. Con preferencias por los de Atlético Nacional, cuyo jugador juvenil Cardona, lesionado antes del mundial, el periodista no ha dejado de añorar y reclamar frente a cualquier error de los jugadores de nuestro victorioso equipo.

Igual que Wbeimar Muñoz acusó recientemente a Eduardo Lara por promover la venta de jugadores desde nuestra selección de fútbol de mayores, y, sobre todo, por el no llamado a las selecciones juveniles de un mayor número de antioqueños; del mismo modo Javier Hernández objeta hoy que Viáfara no sea paisa.

En caso contrario – es decir, que el cuerpo técnico fuese de origen paisa –, pueden estar seguros de tanto Muñoz como Hernández no sólo hubiesen sido indulgentes, sino cómplices de cualquier culpa o denuncia contra ellos, por evidente que esta fuera.

Con ese sesgo impositivo, arrasador y rosquero, han manejado los paisas el Estado, la guerra, el narcotráfico, la industria nacional o el fútbol. Nefasta para Colombia ha sido la chabacanería, la violencia, el latifundismo y la religiosidad que la cultura paisa ha dejado en la historia nacional.

Aunque no dudo de las múltiples buenas personas de origen paisa que habitan nuestro país, algo no anda bien en una sociedad que ha atiborrado de sicariato, oraciones y muerte nuestro país.

Por último, y como prueba del carácter tendencioso de las infames aseveraciones de Hernández, nótese su comentario cuando Cataño, jugador antioqueño, coloca un pase a Cuero, jugador valluno: “Cataño pone a jugar a los jugadores afrodescendientes del equipo colombiano”.

¿Porqué esa diferenciación entre afrodescendientes y colombianos?. ¿Porqué no se le ocurre decir ‘jugadores paisas del equipo colombiano’?. ¿Monopolizan acaso los paisas la identidad nacional?...

Y claro, Viáfara es negro, no pertenece a la “raza paisa”, igual que la mayoría de los colombianos.


Arq. Pedro Gambetta

Bogotá D.C., noviembre 8 de 2009.

miércoles 9 de septiembre de 2009

El Globito

ESO ES LO QUE HAY

Considerando el conjunto de los resultados de la selección Colombia de fútbol, durante y antes de las actuales eliminatorias al Mundial de futbol del 2010, no estoy seguro de que lo mejor que nos pueda pasar sea ir a Sur África. Intuyo que nuestro papel, así como estamos, no sería el mejor, aunque para algunos jugadores (directivos y periodistas) resulte una ilusión por cumplir.

Incluso aceptando que, eventualmente, para el fortalecimiento de la cultura futbolística nacional quizá sea bueno que Colombia clasifique, ese no es el punto en el que nos queremos detener.

En principio consideremos que desde mucho antes de la dirección técnica de Reinaldo Rueda y Jorge Luis Pinto, nuestro equipo ha sido irregular, frágil y sin identidad. Aspectos que no han mejorado bajo la dirección de Eduardo Lara.

Al respecto, mi percepción es que el recurso humano que tenemos es de buen biotipo y una dotación técnica reconocida por los críticos en el continente. Buen recurso que no siempre coincide con los jugadores que militan en el exterior, como lo podemos comprobar con los locales Jackson Martínez, Giovanni Moreno o Teofilo Gutiérrez, entre otros que militan en el rentado nacional, que no han sido llamados pero sabemos que serian igual o más capaces de los que ahora están.

Incluso me atrevería a pensar que militar en el exterior podría ser, en nuestro caso, una situación negativa, tal como lo muestra el comportamiento de Guarín, Amaranto o Córdoba, que viniendo de equipos reconocidos mundialmente, en la selección no dieron la talla. Pero ese tampoco es el punto.

El punto es que nos podemos quedar culpando a Lara porque no es paisa (como lo hace Wbeimar Muñoz desde Medellín), a Teofilo porque se hizo expulsar, o al frío de Montevideo porque nosotros somos tropicales; mientras pasamos por alto que nuestro problema es estructural: nuestra fatal cultura futbolística, la misma que está generando una mentalidad perdedora y, en algunos casos, problemas de fundamentación en nuestros jugadores.

Ahora bien, un aspecto como la “cultura futbolística”, que pudiera resultar general, etéreo y sin solución concreta, sin embargo tiene formas precisas de abordarse.

Creo que el proceso de Lara ha sido bueno para la coyuntura, después de la amarga experiencia de J. L. Pinto, que como persona cada día deja mucho que desear.

Lo bueno de Lara, considerando el panorama que dejo Pintó, ha sido el ambiente afectivo y solidario que ha sabido generar entre un grupo de jugadores a los que conoce desde la pubertad, en su mayoría. Sin ese factor, cualquier otro técnico habría hecho menos que Lara, incluso el ‘Bolillo’ que un momento quisieron imponernos, y que hace bien en lanzar hoy su candidatura al Congreso de la República (aunque eso de CONGRESISTA “BOLILLO”, suena horrible; pero bueno, nos acostumbraremos).

Agradeciéndole a Lara su don de gente y aporte al manejo del grupo, sin embargo ese ambiente de camaradería puede, más bien, ocultarnos los problemas fundamentales.

La "cultura futbolística" se construye con una propuesta estructural, cuya primera demanda es evitar el facilismo de culpar al último eslabón de la cadena: el futbolista. Considerarlo así, es no entender el problema.

Al hablar de propuesta estructural, incluimos el respeto a los derechos de los jugadores, que desde que en sus equipos se les trata como esclavos aprenden a sentirse ciudadanos de segunda, parte de la diversión de otros pero indignos para si mismos. Y así, chiquitos y acostumbrados al irrespeto, salen a las canchas a divertirnos y a que se les acuse de perder los partidos, como en los circos romanos.

Al hablar de propuesta estructural, incluimos la democratización de los clubes; incluimos la profesionalización de los técnicos, que deberían tener Diploma para acceder al fútbol profesional; incluimos a los directivos y sus procesos de selección, hoy atados a intereses económicos y amiguismos; incluimos la dignificación del arbitraje, cuyos integrantes se ganan una miseria, mientras son los guardianes de una bomba de tiempo en los estadios.

¿Y todavía esperan un recurso humano calificado en el mundo del fútbol?; ¿todavía esperan que los hinchas sean personas educadas y respetuosas?....

Pídanos eso, y hasta resultados, pero cuando abandonemos la idea de que el fútbol es un negocito familiar, de mafias o mercado de escalvos. Hasta ese momento, evítense las explicaciones los sermones y los golpes de pecho.


Pedro Gambetta

Arquitecto

pedro_gambetta@yahoo.es / futbolvibrante.blogspot.com

Bogotá D.C., Colombia, septiembre 9 de 2009.

domingo 26 de julio de 2009

El Globito

HERNÁN PELÁEZ O EL GERIÁTRICO

Mi muy apreciado amigo Hernán Peláez, tiene un programa radial en las mañanas de domingo por la Cadena Caracol: el ‘Café Caracol’, donde entrevista contemporáneos suyos del fútbol. Es decir, veteranos olvidados a los que se les hace un nudo en la garganta cuando alguien se acuerda de sus memorables épocas de atletas.

Sin embargo, desde ese momento, más que leerse como un loable esfuerzo, el programa adquiere un tufillo de autoestimulo, un desesperado intento de Peláez por no sentirse solo (un propósito par nada reprochable, ni más faltaba).

Lo más grato del programa es que los más jóvenes aprendemos y la tercera edad rememora; y lo fatal que la cuarta edad llora.

A veces uno piensa, incluso, si Peláez acaso no debería compadecerse de los oyentes avanzados en edad que reciben las intensas emociones desatadas. Aunque existe un vacío estadístico en ese campo, tengo la sospecha de que uno que otra defunción o apoplejía le debemos en el país a Peláez.

Sin embargo ese no es el punto, no es eso lo que me preocupa; o mejor: ojala fuera sólo eso.

Lo verdaderamente alarmante es la manera como Peláez se ensaña en promover dos tipos de anécdotas entre sus invitados.

La primera es su insistencia en detalles de camorras en el campo de juego, pormenores de enemistades y patadas arteras, persecuciones e insultos. Se deleita Peláez de las tragedias que, en general, terminaron o debieron terminar en un hospital.

Culpables también sus interlocutores, que muerden con avidez el anzuelo que el perverso antepasado les envía así: “oiga hermano (dice en un suave tono etílico), ¿y Usted no tuvo en su carrera alguien así con el que tuviera una pelea cazada?”.

Y claro, al entrevistado le vibra la voz, le asalta una ansiedad que parecía perdida para siempre en la contemplación de las palomas del parque: “¡Uy, pero claro doctor!…. Imagínese que….”… Y comienzan las atropelladas ilustraciones de porrazos, puntapiés en las rodillas, pinchazos con agujas, Vicks Vaporub en los ojos, en fin: lo mismo que nos enseñaron Zubeldía y Bilardo, pero con un gratísimo toque colombiano.

¡Y como goza ese Peláez!.

Pero lo mejor aún está por venir: en el culmen del festejo, Peláez hace su última y gloriosa arremetida: “oiga hermano, ¿y Usted no tuvo uno que otro viciecito?. Digo, un vicio sano. Porque a Usted como que le gustaba tomarse uno que otro, ¿no?...”.

Malo, maléfico ese Peláez, siempre en la averiguación de partidarios de su amado e inseparable whisky.

Y claro, el otro anciano confiesa desde sus años postrimeros, las inmoralidades que hizo y las que se imagina que hizo (a esa edad hay que desconfiar de las relatos: todo, patadas u orgasmos, tiende a volverse proeza).

Para ese momento Peláez ya está pleno. No se cambia por nadie, envuelto en carcajadas que nunca le escuchamos en ninguna transmisión, por más bueno que fuese el partido.

Yo sinceramente, después de escuchar aquellas peligrosas compincherías entre octogenarios que celebran y alardean de sus épocas de malevaje y bares de mala muerte, le he prohibido terminantemente a mis hijos que enciendan la radio a esa horas, para evitar que asistan a tan degradante espectáculo.

Mil veces prefiero pagarles un canal de cine porno.

En los próximos días decido con mi mujer si le ponemos una tutela a Peláez, que en sus años terminales se ha convertido en un peligroso exhibicionista. Quien lo creyera.

Pedro Gambetta

Arquitecto


Bogotá D.C, julio de 2009.

miércoles 15 de octubre de 2008

ASÍ, COLOMBIA, ASÍ.
Arq. Pedro Gambetta

Ya superamos el gran problema de no jugar bien, de ser un equipo rígido, mezquino, inseguro.

Encontrándonos con nuestro fútbol, divirtiéndonos, ahora sí podemos concentrarnos en el que debe ser nuestro único problema, el problema de todos los equipos: aspirar al mundial.

Al margen del empate, el triunfo o la derrota, Colombia mostró corazón, confianza, mente ganadora.

Y una gran conclusión: aquí sí hay jugadores, que, si bien no juegan en Arsenal ni el Real Madrid, con una oportunidad y confianza, pueden mostrar una dimensión importante.
Eduardo Lara es el hombre que puede hacer el transito generacional en nuestra Selección nacional. Hay que darle la responsabilidad de un trabajo de largo plazo, que contemple, incluso, la dignificación del jugador colombiano y el fortalecimiento de la Asociación de Futbolistas.

Hay que pensar en un plan que comprometa, definitivamentente, a los clubes. De lo contrario, seguiremos sometidos a decisiones de coyuntura, despidiendo técnico, sin detenernos en la evaluación las situaciones estructurales.

El trabajo humano y táctico de Lara ha dado resultado, ha conectado con la identidad de nuestro fútbol, y ese factor nos permite hoy pensar en enderezar el camino e ilusionarnos con otro mundial.

Sin embargo, aún en medio de las felicitaciones y la tranquilidad que ofrece el resultado y el comportamiento del equipo, siempre hay aspectos a ajustar.
Por ejemplo:

La inseguridad del técnico, cambiando a última hora el planeamiento, no se debe repetir. Eso desorienta.

Las acostumbradas amarillas de Bedoya en los primeros minutos del partido, son un riesgo permanente. Y la de Vargas, que, aunque un poco más tarde, ya en Boca ha costado bastante. Incluso sus reiterados intentos de hacer túneles, dejan al equipo jugado.

Bien Amaranto, pero tiene un espabilo de desconcentración que nos puede costar. Incluso en las salidas de la defensa al fuera de lugar, a veces se queda engachado.

El cabezazo nos duele siempre, en defensa y en ataque. Y no tenemos tiro libre ni laboratorio.

Desde Paraguay los laterales fallan en la doble función salida-marca. A veces Zuñiga llega sin piernas al borde del área rival, se enreda, no finaliza la jugada.

Y claro: la eterna definición.

En fin. Cosillas a pensar.

En todo caso, muchas, muchas gracias muchachos.

pedro_gambetta@yahoo.es

miércoles 17 de septiembre de 2008

POR EL RESPETO A PINTO Y AL FÚTBOL
La decisión de nombrar a Lara como Técnico (e) de la Selección Colombia de fútbol, es la mejor. Por varias razones.

La primera, el conocimiento que Lara tiene de la actual generación de futbolistas que integran la Selección de mayores, que en su mayoría pasaron por sus manos cuando se formaban como jugadores. En segundo lugar, y complementariamente, el corto tiempo de preparación que tenemos para afrontar los próximos partidos contra Paraguay y Brasil no permite mayor preparación, y un Técnico extranjero, por ejemplo, no podría abordar con éxito ese reto.

Incluso la condición de interinidad de Lara me parece adecuada, pues le quieta presión a la situación y concentra la responsabilidad colectiva en compromisos puntuales: dos partidos, y nada más, como umbral para tomar decisiones.

Para la siguiente fecha, que se realizaría en un período de cinco meses, habrá tiempo para evaluar con calma.

La opción de dejar a Pinto, con el argumento de que, precisamente, la próxima fecha de la eliminatoria era inminente y un cambio de Técnico sobre la marcha podría ser contraproducente, era una solución temerosa y costosa, pues el revulsivo del nombramiento de Lara es, quizá, lo único que puede garantizar que Colombia tenga un nuevo aire para enfrentar a los rivales que nos esperan.

La decisión era ahora.

Y, sin embargo, el proceso Pinto era necesario, pues con su trayectoria y sus resultados con el Cúcuta, se había ganado la oportunidad de dirigir una Selección Colombia.

No obstante, desde la Copa América el proceso mostró que su futuro estaba comprometido, y no por falta de capacidad o de formación de Pinto, sin duda uno de los técnicos más estudiosos del país.

El problema era otro: una Selección Nacional de fútbol, en cualquier parte del mundo, demanda, adicional a la indudable capacidad técnica de quien la oriente, la sabiduría y el sentido político suficiente para conducir los complejos intereses externos hacia un propósito común.

Y Pinto – lo hemos dicho reiteradamente en el Blog –, lamentablemente parece carecer de esa ‘mano izquierda’.

Pero, pese a las características particulares de su personalidad, Pinto en su momento representaba una dignidad de Técnico de la Selección nacional que había que respetar.

Y ejercer ese respeto, saber valorar la dimensión simbólica de la nacionalidad en la figura del Técnico de la Selección, requiere don de gente y grandeza, la misma que muy pocos periodistas deportivos en nuestro país han aprendido a cultivar.

Al respecto, en columna reciente critiqué actitudes de Javier Hernández Bonnet frente a la gestión de Pinto, por considerarlas ladinas y ruines. Al mismo tiempo que señalé que esas evidentes falencias éticas de Hernández, frente otras actitudes ciertamente ‘acidas’ y ‘grandilocuentes’, resultaban intolerables.

Y a las ‘acidas’ actitudes quiero referirme.

Estoy convencido de que el esplendor de una persona encuentra su máxima prueba en el trato que da a sus contendores cuando están caídos, pues allí se impone el respeto a la dignidad humana, que es la misma del vencido y el vencedor.

Es decir, respetar a un contendor caído es respetarse a uno mismo.

Y ese respeto no sabe ejercerlo Iván Mejía, quien, en la entrevista que realizó a Pinto en Caracol Radio, un día antes de la reunión del Comité Ejecutivo de la Federación, arrinconó y humilló a un hombre cuestionado y debilitado por las circunstancias.

Y ese espectáculo de mancillaje a un ser humano no lo podemos avalar de ninguna manera, más en un país como Colombia, ávido de altos referentes éticos.

El irrespeto de baja intensidad en el cual vivimos y que legitimamos entre nuestras familias, también se alimenta desde los medios, donde es .posible ser crítico, duramente crítico, y aún ser educado y respetuoso con aquel a quien criticamos.

Y no seremos un mejor país sin identificar y señalar ese tipo de maltratos, legalizados por la inercia de irrespeto en que vivimos.

Pedro Gambetta / pedro_gambetta@yahoo.es

sábado 13 de septiembre de 2008

Un amigo me ha escrito la siguiente nota: 

Hombre, Pedro, no fregués, la opinion de Néider es importante porque, seguramente, está más datiado que los demás mortales. Me parece una opinión constructiva. De pronto sirve para abrirle las entenderas a Pinto a quien ya tenemos crucificado. Néider, gran jugador, debe conocer la letra menuda que le cuentan sus colegas de cortos. Y ha dicho en do de pecho lo que los jugadores piensan en su intimidad, acosados por Pel  "preofe". Además, leí primero a Néider en El Colombiano. Luego vino la nota de televisión. Los hinchas somos la locura furiosa. Algún vez escribí sobre esta fauna de la que formo parte desde que me descononozco. Ahí va el ladrillo.

Y le he contestado:

 Entiendo la precariedad de las emociones que están en juego en el fútbol, y en el deporte en general. Quizá es por eso que tanto nos gusta.

Sin embargo, aún entre la irracionalidad que supone hacer parte de esa horda tribal, es posible (y necesario) enaltecer los altos valores implicados en una cultura del cuerpo, para promover también un margen de lealtad entre quienes viven de él.

Y eso es lo que no ha hecho Javier Hernandez con Pinto, desde la Copa América. E insisto en que, por mi parte, nunca he compartido la nominación de Pinto como seleccionador. Luego no soy su defensor.    

Naider, como otros muchos jugadores colombianos, puede conocer 'la letra menuda', pero de eso no se trata. Su entrevista en El Colombiano o cualquier otro medio es un referente marginal al problema, pues Neider no es el llamado a ser consultado a opinar acerca de la coyuntura. 

Y muy mal que Hernandez le haga eco sólo a esas declaraciones, sin consultar a nadie más acerca de un problema de la magnitud de la selección Colombia. Esa es la mala leche y la actitud ruin que me molesta.

Un abrazo.

PG 

viernes 12 de septiembre de 2008

JAVIER HERNADEZ BONNET
ES DESLEAL CON PINTO

Yo no estoy de acuerdo con que Jorge Luis Pinto siga en la dirección técnica de la Selección Colombia de fútbol.

Por una razón estructural, que ya he comentado en algunos programas radiales: me parece que el esquema de Pinto no interpreta el espíritu del fútbol colombiano, a nivel de Selección.

Y mi percepción no es nueva. En los partidos jugados, aún en los ganados o los que se empataron y se pudieron ganar, expresé en el Blog esa misma opinión, permanentemente.

Pero una cosa es no estar de acuerdo con Pinto y decirlo, con argumentos, gane o pierda el equipo, y otra cosa es aprovechar la derrota del equipo, no para decir expresamente el pensar negativo que tenemos de la persona y el profesional que Pinto es, sino para entrevistar a Neider Morantes, un jugador que no tiene que ver en este asunto, para que haga el trabajo sucio que Javier Hernández no es capaz de hacer.

Esa fue la nota que hizo Javier Hernández Bonnet, flamante Director de Deportes del Canal Caracol, para la sesión deportiva del noticiero del canal.

Prefiero mil veces la acidez de Mejía o la grandilocuencia de Vélez, a los que muchas cosas se podrá objetar, menos su ética, a la actitud de ‘tira la piedra y esconde la mano’ de Hernández, a todas luces baja y ruin.

Si Bolillo Gómez fuese el técnico y Juan Pablo Ángel el centro delantero de la Selección, pudiéramos perder 9-0 y al soterrado Javier Hernández no se le hubiese ocurrido hacerle zancadilla ni mal ambiente al proyecto.

Cualquier cosa, estimado Javier, menos no ser claros y evadir ir de frente. Veo que además de buen comentarista, tienes otras recónditas ‘virtudes’.