miércoles 15 de octubre de 2008

ASÍ, COLOMBIA, ASÍ.
Arq. Pedro Gambetta

Ya superamos el gran problema de no jugar bien, de ser un equipo rígido, mezquino, inseguro.

Encontrándonos con nuestro fútbol, divirtiéndonos, ahora sí podemos concentrarnos en el que debe ser nuestro único problema, el problema de todos los equipos: aspirar al mundial.

Al margen del empate, el triunfo o la derrota, Colombia mostró corazón, confianza, mente ganadora.

Y una gran conclusión: aquí sí hay jugadores, que, si bien no juegan en Arsenal ni el Real Madrid, con una oportunidad y confianza, pueden mostrar una dimensión importante.
Eduardo Lara es el hombre que puede hacer el transito generacional en nuestra Selección nacional. Hay que darle la responsabilidad de un trabajo de largo plazo, que contemple, incluso, la dignificación del jugador colombiano y el fortalecimiento de la Asociación de Futbolistas.

Hay que pensar en un plan que comprometa, definitivamentente, a los clubes. De lo contrario, seguiremos sometidos a decisiones de coyuntura, despidiendo técnico, sin detenernos en la evaluación las situaciones estructurales.

El trabajo humano y táctico de Lara ha dado resultado, ha conectado con la identidad de nuestro fútbol, y ese factor nos permite hoy pensar en enderezar el camino e ilusionarnos con otro mundial.

Sin embargo, aún en medio de las felicitaciones y la tranquilidad que ofrece el resultado y el comportamiento del equipo, siempre hay aspectos a ajustar.
Por ejemplo:

La inseguridad del técnico, cambiando a última hora el planeamiento, no se debe repetir. Eso desorienta.

Las acostumbradas amarillas de Bedoya en los primeros minutos del partido, son un riesgo permanente. Y la de Vargas, que, aunque un poco más tarde, ya en Boca ha costado bastante. Incluso sus reiterados intentos de hacer túneles, dejan al equipo jugado.

Bien Amaranto, pero tiene un espabilo de desconcentración que nos puede costar. Incluso en las salidas de la defensa al fuera de lugar, a veces se queda engachado.

El cabezazo nos duele siempre, en defensa y en ataque. Y no tenemos tiro libre ni laboratorio.

Desde Paraguay los laterales fallan en la doble función salida-marca. A veces Zuñiga llega sin piernas al borde del área rival, se enreda, no finaliza la jugada.

Y claro: la eterna definición.

En fin. Cosillas a pensar.

En todo caso, muchas, muchas gracias muchachos.

pedro_gambetta@yahoo.es

miércoles 17 de septiembre de 2008

POR EL RESPETO A PINTO Y AL FÚTBOL
La decisión de nombrar a Lara como Técnico (e) de la Selección Colombia de fútbol, es la mejor. Por varias razones.

La primera, el conocimiento que Lara tiene de la actual generación de futbolistas que integran la Selección de mayores, que en su mayoría pasaron por sus manos cuando se formaban como jugadores. En segundo lugar, y complementariamente, el corto tiempo de preparación que tenemos para afrontar los próximos partidos contra Paraguay y Brasil no permite mayor preparación, y un Técnico extranjero, por ejemplo, no podría abordar con éxito ese reto.

Incluso la condición de interinidad de Lara me parece adecuada, pues le quieta presión a la situación y concentra la responsabilidad colectiva en compromisos puntuales: dos partidos, y nada más, como umbral para tomar decisiones.

Para la siguiente fecha, que se realizaría en un período de cinco meses, habrá tiempo para evaluar con calma.

La opción de dejar a Pinto, con el argumento de que, precisamente, la próxima fecha de la eliminatoria era inminente y un cambio de Técnico sobre la marcha podría ser contraproducente, era una solución temerosa y costosa, pues el revulsivo del nombramiento de Lara es, quizá, lo único que puede garantizar que Colombia tenga un nuevo aire para enfrentar a los rivales que nos esperan.

La decisión era ahora.

Y, sin embargo, el proceso Pinto era necesario, pues con su trayectoria y sus resultados con el Cúcuta, se había ganado la oportunidad de dirigir una Selección Colombia.

No obstante, desde la Copa América el proceso mostró que su futuro estaba comprometido, y no por falta de capacidad o de formación de Pinto, sin duda uno de los técnicos más estudiosos del país.

El problema era otro: una Selección Nacional de fútbol, en cualquier parte del mundo, demanda, adicional a la indudable capacidad técnica de quien la oriente, la sabiduría y el sentido político suficiente para conducir los complejos intereses externos hacia un propósito común.

Y Pinto – lo hemos dicho reiteradamente en el Blog –, lamentablemente parece carecer de esa ‘mano izquierda’.

Pero, pese a las características particulares de su personalidad, Pinto en su momento representaba una dignidad de Técnico de la Selección nacional que había que respetar.

Y ejercer ese respeto, saber valorar la dimensión simbólica de la nacionalidad en la figura del Técnico de la Selección, requiere don de gente y grandeza, la misma que muy pocos periodistas deportivos en nuestro país han aprendido a cultivar.

Al respecto, en columna reciente critiqué actitudes de Javier Hernández Bonnet frente a la gestión de Pinto, por considerarlas ladinas y ruines. Al mismo tiempo que señalé que esas evidentes falencias éticas de Hernández, frente otras actitudes ciertamente ‘acidas’ y ‘grandilocuentes’, resultaban intolerables.

Y a las ‘acidas’ actitudes quiero referirme.

Estoy convencido de que el esplendor de una persona encuentra su máxima prueba en el trato que da a sus contendores cuando están caídos, pues allí se impone el respeto a la dignidad humana, que es la misma del vencido y el vencedor.

Es decir, respetar a un contendor caído es respetarse a uno mismo.

Y ese respeto no sabe ejercerlo Iván Mejía, quien, en la entrevista que realizó a Pinto en Caracol Radio, un día antes de la reunión del Comité Ejecutivo de la Federación, arrinconó y humilló a un hombre cuestionado y debilitado por las circunstancias.

Y ese espectáculo de mancillaje a un ser humano no lo podemos avalar de ninguna manera, más en un país como Colombia, ávido de altos referentes éticos.

El irrespeto de baja intensidad en el cual vivimos y que legitimamos entre nuestras familias, también se alimenta desde los medios, donde es .posible ser crítico, duramente crítico, y aún ser educado y respetuoso con aquel a quien criticamos.

Y no seremos un mejor país sin identificar y señalar ese tipo de maltratos, legalizados por la inercia de irrespeto en que vivimos.

Pedro Gambetta / pedro_gambetta@yahoo.es

sábado 13 de septiembre de 2008

Un amigo me ha escrito la siguiente nota: 

Hombre, Pedro, no fregués, la opinion de Néider es importante porque, seguramente, está más datiado que los demás mortales. Me parece una opinión constructiva. De pronto sirve para abrirle las entenderas a Pinto a quien ya tenemos crucificado. Néider, gran jugador, debe conocer la letra menuda que le cuentan sus colegas de cortos. Y ha dicho en do de pecho lo que los jugadores piensan en su intimidad, acosados por Pel  "preofe". Además, leí primero a Néider en El Colombiano. Luego vino la nota de televisión. Los hinchas somos la locura furiosa. Algún vez escribí sobre esta fauna de la que formo parte desde que me descononozco. Ahí va el ladrillo.

Y le he contestado:

 Entiendo la precariedad de las emociones que están en juego en el fútbol, y en el deporte en general. Quizá es por eso que tanto nos gusta.

Sin embargo, aún entre la irracionalidad que supone hacer parte de esa horda tribal, es posible (y necesario) enaltecer los altos valores implicados en una cultura del cuerpo, para promover también un margen de lealtad entre quienes viven de él.

Y eso es lo que no ha hecho Javier Hernandez con Pinto, desde la Copa América. E insisto en que, por mi parte, nunca he compartido la nominación de Pinto como seleccionador. Luego no soy su defensor.    

Naider, como otros muchos jugadores colombianos, puede conocer 'la letra menuda', pero de eso no se trata. Su entrevista en El Colombiano o cualquier otro medio es un referente marginal al problema, pues Neider no es el llamado a ser consultado a opinar acerca de la coyuntura. 

Y muy mal que Hernandez le haga eco sólo a esas declaraciones, sin consultar a nadie más acerca de un problema de la magnitud de la selección Colombia. Esa es la mala leche y la actitud ruin que me molesta.

Un abrazo.

PG 

viernes 12 de septiembre de 2008

JAVIER HERNADEZ BONNET
ES DESLEAL CON PINTO

Yo no estoy de acuerdo con que Jorge Luis Pinto siga en la dirección técnica de la Selección Colombia de fútbol.

Por una razón estructural, que ya he comentado en algunos programas radiales: me parece que el esquema de Pinto no interpreta el espíritu del fútbol colombiano, a nivel de Selección.

Y mi percepción no es nueva. En los partidos jugados, aún en los ganados o los que se empataron y se pudieron ganar, expresé en el Blog esa misma opinión, permanentemente.

Pero una cosa es no estar de acuerdo con Pinto y decirlo, con argumentos, gane o pierda el equipo, y otra cosa es aprovechar la derrota del equipo, no para decir expresamente el pensar negativo que tenemos de la persona y el profesional que Pinto es, sino para entrevistar a Neider Morantes, un jugador que no tiene que ver en este asunto, para que haga el trabajo sucio que Javier Hernández no es capaz de hacer.

Esa fue la nota que hizo Javier Hernández Bonnet, flamante Director de Deportes del Canal Caracol, para la sesión deportiva del noticiero del canal.

Prefiero mil veces la acidez de Mejía o la grandilocuencia de Vélez, a los que muchas cosas se podrá objetar, menos su ética, a la actitud de ‘tira la piedra y esconde la mano’ de Hernández, a todas luces baja y ruin.

Si Bolillo Gómez fuese el técnico y Juan Pablo Ángel el centro delantero de la Selección, pudiéramos perder 9-0 y al soterrado Javier Hernández no se le hubiese ocurrido hacerle zancadilla ni mal ambiente al proyecto.

Cualquier cosa, estimado Javier, menos no ser claros y evadir ir de frente. Veo que además de buen comentarista, tienes otras recónditas ‘virtudes’.

sábado 9 de agosto de 2008

“...LA SALIDA DESPROLIJA DEL ARQUERITO…”

Comentario de Carlos Antonio Vélez en el transcurso del partido Millonarios-Tolima, transmitido por el Canal RCN el 9-8-08. Sin palabras.
Y así es todo lo que dice el 'Doctor' Vélez. Yo, aunque haga el mejor de mis esfuerzos, no puedo respetar a este señor.

domingo 27 de julio de 2008

COMENTARIOS VARIOS
Arq. Pedro Gambetta

ARISTI


Primero, aunque tarde, me detendré en la despedida de Aristizábal.

Una ceremonia con pocas figuras, pues Dodó, supuesto gran amigo de Aristi, no vino, y mucho menos Maradona; y mucho del arrebato paisa con los suyos.

Aristi dio muchas, muchas “gracias Antioquia”, y después, mucho después, a gracias a Colombia. Igual que cuando ganamos la Copa América.

Aparte de lo inconveniente de la reivindicación de la ‘raza paisa’, que siempre tiene ese tufillo Nazi, las despedidas o se hacen bien, o no se hacen. Y esta fue desabrida, penosa.

Incluso me dio ‘chulibis’ (pena ajena). En fin.

BOLILLO

Aunque la contratación de entrenadores nunca es valorada en nuestro medio como sí la de los jugadores, y en ausencia de las grandes contrataciones que nos ofrecían en otrora los dineros narcos (aunque las mafias del fútbol aún pululan), buena es la competitividad que le da al campeonato colombiano la presencia de Bolillo Gómez.

La riqueza que en lo táctico gana no sólo el juego sino el comentario y la discusión en general, es un beneficio invaluable para el medio nuestro.

Ojala aprovechemos, para cambiar el estilito de trifulca regional tipo Perea-Rentería, por un comentario estudioso y con argumentos.

BIEN EL CALI

Aunque a Martín de Francisco no le guste, me parece que la decisión del Deportivo Cali de confirmar a Ricardo Martínez como técnico en propiedad es lo mejor que ha podido hacer un club aburguesado y argentinizado, con tendencia a favorecer las contrataciones con criterios mediáticos, más que deportivos.

En efecto, el Cali se acostumbró, desde hace décadas, a descreer del material local, prefiriendo el costoso espectáculo de Martín Cardetti – nada productivo para el equipo –, que el valioso compromiso, la humildad y el sacrificio de un Carrillo, por ejemplo.

Esa es la ventaja que le lleva el América, un equipo con raíz y no-excluyente, manejado con criterio ciudadano.

domingo 29 de junio de 2008

EL JUEGO DE ESPAÑA Y DE COLOMBIA
Por Pedro Gambetta, arquitecto
El triunfo de España frente a Alemania en la final de la Eurocopa, arroja conclusiones que deberíamos saber recoger, para entender y mejorar el proceso que actualmente vive nuestra Selección de fútbol, que, igual que en cualquier país del mundo, siempre será motivo de discusión y emociones encontradas.

Creo que no hay Selección hoy en el mundo que ejemplifique mejor que España las características y posibilidades del estilo colombiano. De ahí la importancia de detenernos en el proceso español y en la manera como ha forjado su conquista de la Eurocopa.

España es un equipo de gran riqueza técnica, de buen manejo y mucho juego lateral, cuya clave al ataque es el cambio de ritmo para sorprender al rival.

Un tipo de juego que se volvería ineficaz, temeroso y soso, si no se complementara con una gran capacidad de movilidad y repentización en la parte de arriba, que es lo que determina la ambición y las ganas de victoria.

Sin embargo, la movilidad y la repentización no son aspectos aislados de un engranaje colectivo, el mismo que España ha logrado armonizar con el potencial y la identidad de su fútbol, que tantas veces quiso parecerse a Inglaterra o a Italia.

Y ese engranaje español se ha construido sobre un factor fundamental: el respeto a la pelota y a la capacidad técnica del jugador. Ese es el corazón de la propuesta general, el espíritu que gobierna al equipo.

Las alternativas y flexibilidad que tiene España en el medio campo, con los propios volantes de marca sorprendiendo en el área rival, demuestran que cuando se tiene una gran riqueza técnica es necesario priorizar en el esquema la capacidad individual para resolver, flotando sobre un estructura móvil, no el simple amarre del jugador a la norma.

Es posible, e incluso urgente, que un tipo de fútbol como el colombiano gire hacia un esquema aireado y soportado sobre la libertad y la responsabilidad del jugador para tomar decisiones. Un esquema flexible, capaz de recomponerse sobre la marcha, a partir de las iniciativas individuales.

Y libertad no supone caos o prescindir del esquema, sino garantizar que el potencial técnico no sucumba en la propuesta táctica.

En la máxima disciplina un alemán se siente cómodo y concentrado, incluso necesita sentir ese rigor para funcionar; mientras un colombiano en ese ambiente geometrizado se pone nervioso, no puede divertirse. E, insisto, no estoy promocionando la indisciplina, sino demandando ‘una disciplina nuestra’. ¿Se entiende el argumento?...

El problema de la Colombia de Pinto es que quiere parecerse hoy más a Alemania (país donde realizó sus estudios) que a España, es decir, a un modelo cultural absolutamente extraño a nuestro sentir y capacidades futbolísticas. En ese propósito, el equipo ha extraviado su espíritu, su capacidad de divertirse.

Por otro lado y tal como lo demostró España, el fútbol contemporáneo se resuelve cada día más en el medio campo, donde Colombia tiene, precisamente, su máxima riqueza. En este punto una consideración: ¿porqué no Macnelly y Giovanni juntos en el medio campo colombiano?, por ejemplo...

Sin embargo Colombia, aún teniendo una excepcional condición técnica, no ha logrado una identidad de juego ni una propuesta táctica que la interprete plenamente, y, por tanto, tampoco con una mentalidad feliz y ganadora.

Mientras la presencia física es una preocupación de un tipo de futbol contundente, largo y veloz, nuestra dimensión técnica exige inteligencia para manejar los tiempos y elegir el momento de la variante, astucia para sorprender, es decir: la malicia indígena que tanto nos sobra.

¿Por qué queremos ser distintos, inventarnos una cara ajena, retorcer la búsqueda que España ya nos muestra que está en lo que somos?.

Por último, nótese que Puyol, Casillas, Iniesta, Marchena, Xavi, Fábregas, Capdevila, Torres, han pasado por Selecciones juveniles y sub-20, hasta han sido subcampeones del mundo en esas categorías.

Es decir, la identidad futbolística no es el milagro del técnico del momento, sino el resultado de un trabajo desde abajo, planeado y sostenido, aplicado a todo el espectro del fútbol nacional.