lunes 20 de febrero de 2012

El_Globito Político

Hasta tanto Pekerman no nos dé el ‘papayazo’ de caerle encima, tendrán que aguantarse mis opiniones políticas, última dedicada a los 'paisas'.

‘PAISAS’: ¿COLOMBIANOS O NO?...

Sabido es que el protagonismo de la cultura económica ‘paisa’ en Colombia tiene en la tierra, desde las épocas de la famosa ‘colonización antioquena’, uno de sus principales y febriles referentes. Una pasión no exenta del controvertido habito ‘paisa’ de ponerse por encima de la ley.

Razón por la cual hoy se han escuchado desde Antioquia las primeras soterradas críticas a la Ley de Restitución de Tierras del gobierno de Juan Manuel Santos, sobre todo de las marchas masivas con las cuales ha decidido acompañarla, con el fin de visibilizar el respaldo ciudadano a la iniciativa. Una acción que consideramos absolutamente necesaria, en vista de los para-poderes enquistados entre el empresariado, que a la sombra aun están dispuestos a resistir la devolución.

Grupos que jamás marcharán ni mostrarán sus rostros, excepto en editoriales encubiertos por un patriotismo fundado en una supuesta defensa de la empresa privada, y en evitar una ‘lucha de clases’ en el campo, tal como lo afirma el ex presidente Uribe según la Revista Semana: “Hay una evidente solidaridad de un sector amplio de los antioqueños con el ex presidente (Uribe), quien ha sido un duro crítico del gobierno. A Uribe, por ejemplo, no le gusta la Ley de Restitución porque en su opinión se está estimulando una lucha de clases que se traduce en animadversión contra los empresarios del campo”[1].

Opiniones que la misma Revista Semana contextualiza de la siguiente manera: “Mientras en todo el país la Ley (de restitución de tierras) ha tenido gran aceptación, entre los antioqueños no ha despertado el mismo entusiasmo. No deja de sorprender que una política cuyas bondades parecen incontrovertibles, pues se trata de devolverles el suelo a campesinos que fueron despojados por los bandidos, genere un sentimiento agridulce en Antioquia”.

Análisis en el que coincide Juan Manuel Ospina, actual Director del Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (Incoder): “Hay empresarios que adquirieron tierras fraudulentamente, que no les interesa que la política camine. Otros se equivocaron en las adquisiciones y muchos lo hicieron legalmente. Pero sin duda hay sectores que hallaron en la tierra la forma de lavar sus capitales. Cualquier política de tierras afecta estructuras de poder”[2].

Una tradición que en su momento ratificó el joven y desconocido Ministro de Agricultura, Andrés Fernández Acosta (el mismo ex Ministro cuya justa y fracasada moción de censura en el Congreso de la República, fue vergonzosamente celebrada por el periódico ‘paisa’ El Colombiano), quien en el periodo de Álvaro Uribe Vélez sucedió al también ‘paisa’ y hoy arrestado Andrés Felipe Arias.

En efecto, el joven Fernández no tuvo remilgo en llevar a varios empresarios antioqueños a los Montes de María (gente confiable y ‘respetable’ que aseguro ‘conocer desde el colegio’), para que los indefensos campesinos les vendieran sus tierras a ‘buen precio’[3].

Industriales que precisamente financiaron la campaña presidencial de Álvaro Uribe Vélez en el 2002, y que finalmente compraron alrededor de 75 mil hectáreas de tierras, no sólo a muy ‘buen precio’ (es decir regaladas), sino con medidas de protección. Situación mucho más grave si consideramos que de los 60 líderes de restitución de tierras asesinados en el país entre los años 2005 y 2011, 8 de ellos (el 12 por ciento) pertenecen a la región de los Montes de María.

Al respecto, un reciente estudio del Ministerio de Agricultura y el Incoder, señala que mediante maniobras fraudulentas facilitadas por registradores, notarios, funcionarios locales, particulares y empresas, unas 40.000 hectáreas de tierras de campesinos desplazados de la región de Montes de María quedaron en manos de empresarios y particulares, en su mayoría antioqueños, a través de unas 1.600 irregularidades detectadas en los registros y ventas de 251 predios, localizados en una zona que comprende 15 municipios de Bolívar y Sucre[4].

Con razón afirma la revista Semana que “(…) frente a la restitución de tierras, las mayores dudas sobre esta política provienen de los llamados empresarios del agro (antioqueños), que en las últimas dos décadas se dedicaron a comprar tierras en los Montes de María, el Bajo Cauca o el Urabá. Este proceso, como dice un reconocido industrial de la región, ha sido considerado ‘casi otra colonización antioqueña’”.

Empresarios para quienes es mejor que el país pase de puntillas frente a la necesidad de hacer justicia a los desposeídos; total, tarde o temprano algunos ciudadanos no-paisas tendrán que rezagarse, por cualquier motivo histórico, económico o racial. Simple selección natural, nos aseguran.

Lo más importante es premiar el liderazgo, el oportunismo y la astucia, aun por encima de la ley. Misma lógica con la que han querido vendernos la idea de que la solución de nuestra guerra sólo es posible por medios ilegales (chuzadas, ejecuciones extrajudiciales, asesinatos selectivos); cuando su proyecto real es defender y legalizar sus propios intereses delictivos.

Y no lo duden, cualquier ‘paisa’ que llegue a la Presidencia de Republica, manejará nuestro país con preferencias regionales y afición por la ilegalidad, con las posibles raras excepciones de Juan Camilo Restrepo y Jorge Enrique Robledo.

La región ‘paisa’, donde se han generado las expresiones más violentas de nuestra historia nacional, tiene la obligación de reconocer hoy el profundo problema cultural que le aqueja, expresado en una actitud preferencial, racista, personalista, impositiva, y, en consecuencia, propensa a la transgresión, con nefastas consecuencias para sí misma y para Colombia.

En ese contexto no resulta gratuito, tal como lo expuse en algún escrito anterior, que  un 70 por ciento de los presos colombianos en el exterior sean de origen ‘paisa’. Una realidad que no pueden seguir encubriendo con ‘berraquera’ y ‘liderazgo’, sino con el reconocimiento de la rapiña, el ventajismo y el ladronaje que gobierna sus  comportamientos colectivos.

Se les acabó el festín de recursos públicos que hicieron en la administración de Álvaro Uribe Vélez y su sequito de truculentos mafiosos, y ahora se resisten a devolver las propiedades ilegalmente conseguidas. Muy bonito.

A cambio de seguir mirándose el ombligo campestre y generando intemperancia y muerte en el país, los ‘paisas’ deberían memorizar las palabras de Unamuno, que recientemente me recordó mi amiga Martha Ruiz: “el fascismo se cura leyendo, y el racismo se cura viajando”. Santo remedio.

Pedro Gambetta


[1] “¿Los paisas están verracos?”. Artículo de la Revista Semana, edición del domingo, 19 de febrero de 2012.  
[2] Ver “Jefe del Incoder responde a críticas de Uribe sobre Ley de Tierras”. Artículo de El Tiempo, edición del 18 de Febrero del 2012
[4] Ver periódico El Colombiano, edición del 17 de octubre de 2011.

viernes 17 de febrero de 2012

El_Globito Político

Excepcionalmente, permítanme de vez en cuando una opinión explícitamente política, vale?
 
TODOS CONTRA LA MAFIA

Cuando los mafiosos y delincuentes se toman el Estado, no tienen otra opción para llegar y mantenerse que asumir la mejor imagen populista de Robín Hood o Pablo Escobar, capaces de cumplir el doble rol de defensores de los pobres, y, al mismo tiempo, garantes de la seguridad colectiva, contra un ogro que ellos mismos se encargan de parir, nutrir y amplificar, para sostener la necesidad y consolidar su posición combatiente y mesiánica.

Así navegan en la legitimidad extra-institucional del ‘Estado de opinión’, enfrentando la justicia con resentimiento y argumentos patrióticos del tipo “amigos de los terroristas” y “enemigos de la patria”.

Y cuando pierden el poder y dejan de ser pares de la rama judicial, insistirán en navegar en la legitimidad extra-institucional del ‘Estado de opinión’, declarándose perseguidos por aquel ogro y sus ahora nuevos amigos, los jueces de la Republica, finalmente aliados para vengarse por los males que ellos, mafiosos y delincuentes, les causaron en su cuarto de hora por el poder del Estado. Pero no les creemos.

De cualquier forma, el único recurso político que han conocido es la intimidación y la manipulación de la opinión pública, polarizándola, crispándola, torciendo argumentos y tergiversando valores y roles, no importa los costos que esto acarree a la institucionalidad y el Estado de Derecho.

Poco les interesa enlodar y deshonrar internacionalmente la imagen de nuestra democracia, siempre que salven su pellejo, junto con sus fincas y caballos.

En ese contexto, el mayor reto que tiene nuestro país en este momento histórico, es actuar con determinación para acabar de una vez por todas con la cultura mafiosa que tantas muertes y vergüenza nos ha ocasionado, y que hoy da sus últimos y rabiosos coletazos.

Curiosamente, son ellos quienes hoy, huyendo de país en país en busca de madriguera, se identifican plenamente con el ogro clandestino y periférico que perseguían con saña. Y son ellos, también, la culebra que insistentemente y en el típico estilo guerrero del ‘Estado de Opinión’, nos invitaron a eliminar por la cabeza. Es hora de obedecerles y darles gusto.

Y los ‘paisas’ tienen que ayudarnos sin restricción en esa tarea: no es posible que sigan defendiendo el proyecto uribista de país, y sus acostumbradas prácticas paraestatales; teniendo en cuenta que son ellos, los ‘paisas’, los más interesados en transformar sus propios fundamentos culturales, protagonistas principales del gran problema nacional que ha sido la mafia y sus intentos de hacer arrodillar a la sociedad colombiana y sus instituciones.

Es necesario superar la tentación de poner en el plano superficial de las defensas regionales, la profundidad de los hábitos impositivos y violentos que se siguen multiplicando en las comunas y en las empresas sicariales y de extorsión que operan a lo largo del país. Necesitamos a los ‘paisas’ en esa labor transformadora.  

Pedro Gambetta

martes 15 de noviembre de 2011

El_Globito

ACUÉRDATE LEONEL


Escribo esto antes del partido Colombia-Argentina, para reiterar lo que alguna vez aquí dije: estimándolo mucho, y agradeciéndoles más, nos parece que Leonel Álvarez aún está ‘biche’ para el cargo de Técnico de la Selección Nacional de fútbol.

Más allá de que Colombia gane o pierda contra los gauchos, seguimos pensando lo mismo después de la última intervención pública de Leonel, enseguida del partido con Venezuela.

Rueda de prensa en la que era evidente que a nuestro actual Técnico le falta formación, estructura mental. Una condición que para los cargos de responsabilidad habilita a las personas para explicar situaciones, tomar decisiones, convencer, más allá de que seamos expertos o no en cualquier tema.

Leonel Álvarez, con todo respeto, no tiene estudios de nada. Incluso no sé si sea bachiller. Se nota en su poca capacidad dialéctica y de manejo del público, cuando se coloca frente a un micrófono.          

Ser Técnico nacional requiere tener más que los ‘guevos’ que ponía Leonel en la cancha. De eso no se trata. Se trata de una combinación entre don gente, política, nobleza de carácter, astucia, y, por supuesto, experticia.

Y esa combinación  no la tiene Leonel. Por ahora.

Mi recomendación es que se vaya para Alemania o Inglaterra por un tiempo, a formarse, a adquirir roce y mundo (financiado por la Federación de Fútbol, por supuesto), y con seguridad será uno de los mejores del continente. De otra forma, sus ganas siempre serán superiores a sus reales capacidades.

Con respeto.

Pedro Gambetta

martes 8 de noviembre de 2011

El_Globito

PELÁEZ INDÓMITO

En mis esporádicos escritos de marginal bloguero, el ingeniero químico y periodista Hernán Peláez ha sido uno de mis personajes recurrentes (casi digo ‘victimas recurrentes’).

Y no hay mejor pretexto que Peláez para volver a escribir una nota en éste olvidado blog. Una forma de homenaje no siempre bien entendida, y que aún entre visos satíricos y antipáticos es la más autentica manera que tengo de profesarle a Peláez mi profunda admiración y aprecio.

Y ni creas que te confesaré aquí mis traumas infantiles, estimado Peláez. Tampoco me pondré sentimental por tus pasajeros quebrantos de salud, ni mucho menos te recomendaré pócimas ni chamanes para que superes tus dolencias.

Mientras sigues recibiendo tormentosas quimioterapias, y no menos tormentosos Honoris Causa, permíteme ofrecerte aquí mis hipótesis acerca del origen de tus afecciones: tus padecimientos, acéptalo, son el resultado natural de cultivar pequeñas inmoralidades y defecticos, en apariencia inofensivos: un whiskisito por ahí, una muchacha por allá, un chismecito más acá… y así, poco a poco, se acumulan las tormentas.

Por otro lado, a tu edad debes asumir que en la vida no se pueden tener impunemente amistades como la de Edgar Perea o el finado Ortiz Alvear. Por esa ruta, era previsible tu caída irremediable en las garras de Iván Mejía, y en ese nido de malandros que es ‘La Luciérnaga’.

Rodeado de tanto atorrante, incluso has llegado demasiado lejos. Considera que a cualquier persona normal, tan nefastas influencias le hubieran acarreado una irreversible apoplejía antes de los cincuenta años. Considérate entonces un bendecido:

Con semejante vida plena de vértigo, pelotas, patrañas y bolero, llegar invicto a tus actuales noventa y ocho (¿o noventa y nueve?) comprueba que tus últimos cincuenta años han sido tiempo extra, milagrosamente y por pura gracia de Dios.

Y eso sin contar los años que aún te faltan, porque (como ya te lo he profetizado, y nunca fallo, te diré) serás la carátula del Times cuando cumplas tus próximos ciento treinta años. Fecha para la cual tampoco tendremos que esperar un “qué bruto” de tiempo. Digo…

Muy al contrario de las renegadas estrellas que han acompañado a Vélez, Hernández, y otros tantos Honoris, personajes predestinados para ejercer el artificio, la autocracia y el favoritismo, tú, querido Pelaez, te guste o no tendrás que seguir en esta tierra cumpliendo el ingrato designio de dar ejemplo de apacibilidad y entereza.

Única razón por la que te perdonamos tus desvergüenzas…

En materia de salud, por tanto, sólo tienes permiso para se te baje la presión. Y temporalmente. Así que por estos días nada de cáncer ni insomnio ni pecueca.

Un estado de salud que sin embargo sólo conservarás, mientras mantengas viva tu afición al ‘chupe’. No sé qué te habrán recomendado los médicos al respecto, pero te aseguro que de renunciar a tus diarios Buchanan´s caerías en una profunda, incurable, y fatal depresión.

Ni se te ocurra ensayar una irresponsable sobriedad a estas horas. Hazlo por nosotros, por tu país, por tus nietos.

Es más: si en los próximos años te hace falta en algún momento un vaso con hielo, no dudes en llamarme. Personalmente te surtiré de esa y otras perdiciones más. Siempre que prometas no inmiscuirme en tus aberraciones. Entre otras cosas porque dudo que alguien sobre la tierra pueda mantener el indómito ritmo de tu guaguancó…

Y en cuanto a la escogencia del ermitaño Chárbel para ser tu intermediario con Dios, te cuento que no podrías haber hecho mejor elección. Por una razón elemental:

Igual que desde su muerte en 1898, el cuerpo de San Chárbel aún se mantiene incorrupto, puro y luminoso, tú tienes ya garantizada la inmortalidad en la memoria de éste país. Claro, después de los treinta y ocho años aprox. que aún te faltan por vivir.

Así que ten paciencia. Tienes todavía algunas pruebitas por pasar, hasta que puedas llegar a la perfección espiritual de tu Santo Intercesor.

Por lo pronto recibe un fraterno abrazo, Peláez. Y mejórate pronto: la salsa y las destilerías no pueden vivir sin ti.

Pedro Gambetta

domingo 21 de agosto de 2011

El_Globito

 ME MAMÉ

Les confieso que tenía una columna elaboradísima, titulada "El mundo según Maturana", dedicada a nuestro 'hombre del maletín’, a propósito de su firme intención de confirmar al "Bolillo" Gómez en el cargo de Técnico de nuestra  Selección nacional de fútbol. 

Una idea a todas luces descabellada, que en principio yo sí quisiera que intentaran concretar entre Pacho y el amigo González, sólo por asistir al espectáculo de lucha libre entre este par de joyas, contra Florence Thomas y sus muchachas.

Pero, ¿quieres un consejo, Francisco?: aunque lo hagas de puro malo para evitarme el gusto de presenciar la exhibición, harías bien en desistir. Muy al contrario de cualquier Ley de Murphy, no hay ninguna posibilidad de que eso salga bien.

Sin embargo, como dicen en España: tú mismo.

Pero aún tenía otras dos opciones de columna para hoy: una de ellas titulada “Yanelda en pijama”, en donde rememoraría el momento culmen en que Yanelda Jaimes me sugirió abrir mi propio blog (una indicación de cuyas buenas intenciones en este momento tengo dudas). La otra opción era una columna titulada “Andrea en las Termopilas”, en la que haría un homenaje a la sonrisa de Andrea Guerrero, esa con la que sabe hacernos olvidar la eterna mala cara de Ricardo Henao.

Por último pensé en una segunda entrega dedicada a Camila Zuluaga, pero me conozco: el sentimiento de culpa hacia Casale sería insoportable. Si casi me desintegro de vergüenza y solidaridad de género con la primera, en una segunda ni rastros míos quedarían.

Pero ni la irresistible posibilidad de una columna con olor jazmín, por supuesto consagrada al 'Virrey' Alberto Casas, pudo estimularme para superar la decisión de abandonar la publicación periódica de mis escritos.

El trabajo de blogero es ingrato. Casi una estupidez, la de lanzar puños al aire y a los espejos. Ni un mordisco de Claudia Bahamón me podría despertar de la morriña que tengo.

Es que si uno es blogero, ¿cómo no va a tener Twitter? Y si uno tiene Twitter, ¿cómo no va a tener Facebook?... Y así nos va envolviendo progresiva y silenciosamente una maraña de voces virtuales, que van colonizando cada minuto de nuestros pensamientos, hasta lograr imponernos la ansiedad de que siempre nos estamos perdiendo de algo.

Con decirles que ahora me levanto y lo primero que hago es revisar el Twitter de Margarita Rosa de Francisco, para saber cuál fue su último trino del día anterior. Costumbre que abandoné inmediatamente, cuando entre los mensajes de la 'Mencha' alcancé a leer algo así como: “a mi gran amor, Martín de Francisco”. Casi me atoro. 

Y no porque supusiera algún tipo de incesto, que en todo caso les perdonaría, sino porque a mí la pelamenta y el chicle de Martín parecen perseguirme. Hasta creo que fuimos primas en nuestra vida anterior.

Tener un blog le condiciona a uno la vida. Por mi parte, en todas las situaciones que vivo, sea por indignación o pura lujuria, no veo otra cosa que posibles temas para mis columnas. Y mientras tanto, mis labores diarias van perdiendo no sólo espacio en mi vida, sino que cada día me parecen más ridículas. Una peligrosa inversión de valores que no me puedo permitir.

En fin. Me mamé de este cuento. Voy hacia un precipicio, y me percaté a tiempo.

Será hasta una próxima oportunidad. Sólo volverán a saber de mí cuando me encuentre con Camila en algún aeropuerto (un poco después de sus treinta años, momento en el que asumo ya estará separada de Casale). Me acercaré por la espalda y le diré, con un clavel entre los dientes: "he aquí tu pollo".

Hasta ese momento, me niego a escribir.


Pedro Gambetta

PD. Respirarás hondo Hernández, pero aunque así sea, sé que soñarás conmigo. Con el tiempo te haré falta. Y a mi amada Mariana, la más fiel visitante de estos rincones, muchos, millones, billones, de picos y caprichos.

jueves 18 de agosto de 2011

El_Globito

CONSTITUYENTE PARA EL FÚTBOL

Después del decadente y lastimoso tratamiento prodigado por parte de la Federación Colombiana de Fútbol al caso del “Bolillo” Gómez, Francisco Maturana, ‘el hombre del maletín’, nos quiere dejar como sucesor del Técnico saliente a alguno de sus más cercanos discípulos y amigos, para mantener lo que María Isabel Rueda llama la ‘rosca paisa’, donde militan de manera perpetua Maturana, el mismo “Bolillo”, Juan José Peláez, Álvaro González y Javier Hernández Bonnet, entre otros dinosaurios.

Las opciones de sucesión que Pacho nos ofrece (Leonel Álvarez, Alexis García o Santiago Escobar), son personas sobre las que él tiene ascendencia y la posibilidad de seguir jugando a los ‘maletines’. Algo que jamás podría conseguir si al frente de la Selección Nacional se encontrara una persona seria y formada como Juan Carlos Osorio.

Pero Pacho ha dicho algo importante después de veinte años: ha sugerido un ‘cambio estructural’ para nuestro futbol.

Claro que no ha sido fácil descifrar esa idea, refundida entre la maraña de conceptos desarticulados que Pacho promulgó durante 45 minutos seguidos de entrevista, en los que repitió varias veces la misteriosa frase “tenemos que cambiar el ‘protocolo’ ”.

¿Protocolo?...

Y después de varias arduas horas de cavilación y discusión (porque Pacho, igual que Alfonso López Michelsen, suele poner a pensar el país), entre cinco personas y bordeando ya el alba, entendimos que eso a lo que se refería Pacho como ‘cambiar el protocolo’, era la tibia propuesta de introducir la formación sistemática de técnicos nacionales de fútbol, para superar el cambia-cambia permanente que tenemos.

Pura politiquería de Pacho, que deja intencionalmente en el ambiente la necesidad de un CAMBIO PROFUNDO, con el fin de generar una cortina de humo que tiene dos propósitos: el primero, pasar de puntillas frente al problema de su amigo ‘Bolillo”, para que no le cueste nada a él personalmente; y el segundo, el propósito de que no pase nada, nada de nada, en relación a los cambios que requiere nuestro futbol.

Es lo mismo que hacía el gobierno de Álvaro Uribe cuando quería desorientar a la opinión pública, mostrándonos cadáveres o poniendonos a patinar en torno a la discusión sin final de un Régimen Parlamentario para Colombia.

Y aunque Pacho no avance en la idea (claramente no la formuló para avanzar, sino para todo lo contrario), es necesario aprovechar la oportunidad (la de los puños y patadas del “Bolillo”, y la de la propuesta ‘estructural’ de Pacho), para trabajar en serio sobre una renovación importante y a fondo de nuestro fútbol.

Una propuesta que estaría en la misma línea que ya Javier Hernández Bonnet nos presentó hace unos días, la de “convertir el problema en una oportunidad”. Aunque en el caso del periodista la “oportunidad” residía en que dejáramos al “Bolillo” en su rol de Técnico, adicionándole el cargo de Director de la Oficina Presidencial para la Defensa de los Derechos de la Mujer.

Divina la “oportunidad” que nos señalaba Hernández. Y muchas gracias, pero no.

Lo que deberíamos hacer es convocar una MESA DE CONCERTACIÓN POR LA RENOVACION DEL FÚTBOL COLOMBIANO. Esa sí sería una forma clara, vinculante y bien intencionada de capitalizar el caso “Bolillo”: el diseño de un escenario en el que converjan todos los actores, jugadores, patrocinadores, técnicos, dirigentes, árbitros, y hasta las ‘barras bravas’, para realizar un amplio diagnostico participativo y elaborar acuerdos básicos, hasta consolidar un Plan Estratégico de largo plazo para el futbol nacional.

¿Te suena Clopatofsky?... Te anticipo que si logras hacer eso no sólo serás Senador vitalicio, sino que te ganarías el Nobel, mínimo el Príncipe de Asturias.

Cojámosle la caña a Pacho, que frente a interlocutores escrupulosos y exigentes con las palabras, acaso podrá superar definitivamente su tendencia a la ligereza y la artimaña.

Pero claro, para pensar en realizar una convocatoria de esas dimensiones tendríamos que exigir, necesariamente, que los actuales dirigentes de Colfutbol renuncien. Y no sólo como un paso necesario para la convocatoria, tal como renunció en su momento el Congreso en pleno para poder convocar la Constituyente de 1991, sino como el efecto natural del manejo de quinta que han dado al caso “Bolillo”.

Habría que analizar el curioso carácter vitalicio de los dirigentes del fútbol en Latinoamérica, y su capacidad de resistir los escándalos, la acción de la ley, y las justificadísimas protestas populares contra sus gestiones. Es la mejor de las mafias, con un blindaje a toda prueba. Habrá que aprenderles.

Y mientras eso pasa, Grondona y Leoz ahí, envejeciendo como momias.

Y los primeros que deberían irse de Colfutbol junto al “Bolillo”, con o sin convocatoria nacional, son Maturana y González. Pero dejarían de ser ellos si tuvieran esa decencia.

Con el mismo cinismo de José Obdulio Gaviria, que después de los “llamados de atención” de Roberto Pombo nunca se ha dado por enterado del sutil mensaje (¿porqué no te vas?), Maturana y González también preferirán quedarse y esconder el rostro. González con un revólver en mano, Maturana con un poema (con perdón a la poesía por la odiosa analogía).

Pero aunque puedan no renunciar ni convocar al país a discutir el futuro de nuestro fútbol, empeñados en seguir jugando al escondido, a los ‘maletines’, a prometer lo que nunca cumplirán, a decir que quieren cambiar un mundo que nunca han querido que cambie; el castigo para nuestros dirigentes será aún mayor del que puedan tener por aferrarse mezquinamente al poder:

Ostentarán públicamente la justa medida de su deshonestidad, hasta que se marchiten envueltos en la falta de grandeza que mostraron toda su vida, despreciando las oportunidades que tuvieron para ennoblecer nuestra cultura. 

Tendrán la más triste ancianidad, la de llevar el peso de su deslealtad con el país.

Pedro Gambetta

Twitter / @pepgambetta

lunes 15 de agosto de 2011

El_Globito

A BOLILLAZOS

NO SE EQUIVOQUEN

En el caso de la agresión pública que el Director Técnico de la Selección Colombiana de Fútbol, Hernán Darío el “Bolillo” Gómez, propinó recientemente a su compañera de copas, los marrulleros comerciantes-dirigentes de la Federación Colombiana de Fútbol le están apostando a la estratagema de enfriar el asunto.

Decididos a pasarse por la faja las protestas internacionales y nacionales, los valores colectivos en juego, las afectaciones publicas a la lucha por los derechos de las mujeres, y el riesgo de generar en el país una polarización sin precedente; González y Bedoya, confiadísimos en que somos un pueblo falto de memoria, propenso a perdonar rápidamente las bofetadas, parecen argumentar con displicencia: “a esos tontos y tontas pronto se les olvidará el asunto”.

Y yo no estaría tan seguro.

El manejo de los delicados componentes culturales expuestos, exige un tacto y sensibilidad social que los ramplones dirigentes de Colfutbol no tienen, acostumbrados a administrar las finanzas, las relaciones humanas y los intereses ciudadanos que gravitan en torno al futbol, en los mismos términos  rudimentarios de la mafia colombiana, desde hace décadas entronizada en los círculos  futbolísticos, donde ha encontrado su vientre ideal de reproducción.

Tal como lo señala María Isabel Rueda en su última columna de El Tiempo (14-08-2011), donde nos cuenta que hace unos años llegó al Noticiero 24 Horas la grabación del agradecimiento expresado por Francisco Maturana a los Rodríguez (el primero actual Director Técnico y de Desarrollo de la Federación Colombiana de Fútbol, y los segundos confesos narcotraficantes del Cartel de Cali), por el obsequio de una maleta llena de dinero, destinado a sobornar a la Selección Nacional que permitiría a la colombiana clasificar al Mundial.

Si, Maturana, el mismo que nos decía “perder es ganar un poco”...

Convencido estoy que el polvorín levantado por la patanería del “Bolillo” Gómez, constituirá una fuente de luz, perfecta para iluminar y desentrañar el indiscutible espíritu embaucador que habita en Colfutbol, donde la historia de Maturana es apenas un trapito de los más limpios.

Prepare cada uno(a) su linterna, y apunte en los próximos días a la sede de Colfutbol. Veremos horrores.

POSICIONES PERIODÍSTICAS

Contadas son las personas dedicadas al periodismo deportivo nacional, con la capacidad de introducir en sus análisis una juiciosa perspectiva sociopolítica del fenómeno del fútbol. Y no se tomen como un agravio mis palabras (en otras ocasiones tal vez sí), sino como una señal de las naturales limitaciones que toda profesión necesariamente tiene, y también como un llamado a ampliar el espectro.

Limitaciones que quizá se originan en las enceguecedoras demandas emocionales que impone a los periodistas deportivos su objeto de trabajo, el fútbol en éste caso. Mucho más si el periodismo se ejerce en las sandungueras y pasionales geografías latinoamericanas, aún inmersas en la memoria del ritual y la ebriedad barroca. La popular guachafita.

Son las razones por las que la que numerosos periodistas deportivos nacionales han preferido, en sus interpretaciones del escándalo suscitado por el “Bolillo” Gómez, la defensa del factor personal, en perjuicio de un examen a profundidad de los efectos públicos.

Asumiendo que no tienen la costumbre ni la vocación (se impone a sus labores la normativa pasional y frenética del ambiente de trabajo), sin embargo no podemos justificar que en un país como Colombia los medios carezcan de la capacidad analítica para abordar el entorno de un fenómeno de las dimensiones culturales del fútbol. Con las consecuentes lastimosas interpretaciones, en el momento en que circunstancias como las del “Bolillo” requieran bagaje.

Sin que se comporten necesariamente como una academia, por lo pronto les pedimos ser conscientes y sensibles a la necesidad de superar esas restricciones. Se llama evolución.

En ese marco, en relación con el tema del “Bolillo” hemos encontrado al menos tres (3) posiciones, públicamente expresadas por parte de algunos periodistas; que son:

1.    Pidámosle perdón a “Bolillo”

La primera es el argumento de Diego Rueda y Adolfo Pérez, del tipo “pobrecito el ‘Bolillo’ Gómez, no tenemos derechos a juzgarlo, merece otra oportunidad”. Posición en apariencia ‘humanitaria’, pero que en el fondo coincide con la de Colfubol: la plata invertida en el proceso vale más que cualquier interés colectivo.

Al respecto, Adolfo Pérez ha escrito desde su Twitter: Respeto y perdón, dos palabritas que hacen tanta falta en éste país”. Es decir, somos nosotros quienes tenemos que respetar y perdonar a “Bolillo” Gómez por lo sucedido. Una afirmación que de nuestra parte sólo puede merecer una respuesta: “Rico, ¿no don Pepe?”...

Llegando Pérez incluso a sentar cátedra acerca del ejercicio periodístico: “Algo va del registro de una noticia que había que registrar, a tomar partido para influenciar la opinión general, eso no es periodismo”. Aseveración con la cual el comunicador borra de un tajo la ineludible función social del periodismo, desde la cual se le demanda precisamente, y de manera expresa, todo lo contrario: QUE SE TOME PARTIDO, por la defensa de los derechos humanos y civiles.

Al respecto, quisiéramos transmitir la cita del Premio Nobel de Paz de 1986, Elie Wiesel, aparecida en el Twitter de Félix de Bedout, periodista en quien nos seguiremos apoyando en el transcurso del presente escrito: “Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo".

La posición de Pérez representa la típica opción de esconderse entre las faldas de una supuesta objetividad, con el fin de evadir la toma de una posición clara. Actitud que comparte con Diego Rueda de Caracol Radio, cuyo argumento preferido es “no justifico la agresión, tengo mi opinión, tú tienes la tuya, yo tengo derecho a opinar, tú  también, todos somos iguales”. El mundo sublime de Heidi.

Y sin embargo, detrás de ese “que lindos somos todos opinando”, Rueda nunca ha expresado con precisión su franco deseo de que el “Bolillo” Gómez se quede en el cargo, prefiriendo divagar en ‘opiniones propias y respetables’. Falsa democracia con la que tradicionalmente se han encubierto los más ácidos dictadores, expertos en tergiversar objetividades para invertir valores.

Lo dijo también Félix en su Twitter: “Los que escriben de la agresión (del “Bolillo”) y empiezan escribiendo ‘no voy a justificar’, acaban justificando y de alcahuetas de lo que pasó”.

Opinión que contrasta con ésta otra de Adolfo Pérez: “Y que conste que critico la falta de respeto de “Bolillo” con el país, con su cargo, con su familia. Pero él lo acepta y medio país lo perdona”. He aquí un humanitario alcahueta.

Se lo comenté en mi último correo electrónico a Rueda:

Contra todo aquello que constituya una afrenta para los derechos humanos y civiles, sólo son aceptables las cartas sobre la mesa y las argumentaciones comprometidas. Una actitud difícil de cultivar en alguien cuya manera de ejercer el periodismo es meterse en las oficinas de los directivos para obtener “chivas”, personajes ante quienes siempre tendrá que mostrarse reverente, cuando no cohibido y postrado.

Rechazamos que Rueda recrimine a quienes supuestamente están ‘destruyendo’ a Hernán Darío “Bolillo” Gómez, cuando es precisamente el Técnico quien ha ultrajado la moral pública colombiana, constituyéndose en un estorbo para la instauración definitiva de los derechos ciudadanos y de la mujer en nuestro país, al prestarse como replicador de la cultura chabacana, impositiva, irrespetuosa y arrasadora, que tanto daño nos ha hecho con su propuesta de solucionarlo todo con la fuerza bruta, desconociendo la ley, el decoro, e incluso la devoción debida a la investidura de Técnico de la Selección Nacional de Fútbol.

De la persona del “Bolillo” se debe encargar su familia. Mientras a la sociedad le importan los valores que representan sus actitudes, las mismas que aún se reproducen y encuentran enquistadas en la personalidad de millones de nuestros conciudadanos.

Al defender con sus cortas opiniones la persona del “Bolillo” (seguramente con las mejores intenciones del mundo), los periodistas deportivos están favoreciendo claramente la construcción de un país al margen de la ley y sumergido en la violencia.

Les instamos a asumir responsabilidades públicas por sus argumentaciones negligentes y demagógicas, vengan de la debilidad de carácter o de la ignorancia. No nos importa. Nos importa la defensa de la función social del periodismo, de la que sólo parecen ser merecedores personas ajenas al deporte como Camilo Duran, quien desde su Twitter nos dice: “Bolillo no debe volver a la selección. Lo que hizo es una afrenta para una sociedad que aspira a ser civilizada e incluyente”.

2.    Paisas ‘semos’
  
La segunda posición es la regionalista, representada en Sergio Fajardo, René Higuita y Javier Hernández Bonnet, según la cual TENEMOS QUE DEFENDER AL “BOLILLO” GÓMEZ PORQUE ES PAISA. Y punto.

Misma lógica con la que el periódico El Colombiano se ha empecinado en respaldar los desmanes y atrocidades del gobierno de Álvaro Uribe Vélez y su sequito de capataces. Y no sólo respaldando a capa y espada a personajes tan penosos como los Valencia Cossio y Andrés Felipe Arias, contra todas las pruebas que los condenan, sino beneficiándose, la propia Directora del periódico, con los subsidios gubernamentales asignados al desarrollo rural, sin que nunca haya sembrado una matica de yerbabuena en su vida.

Para ese tipo de argumentos, ofrezco otra vez la opinión del señor Félix de Bedout, de los mejores antioqueños de nuestro país, quien ha trinado con valentía: “Yo nací en Medellín, me gusta el futbol, soy hincha de Nacional y entrevisté al “Bolillo”, ¿por eso tengo que decir que se quede? ¡¡Pues no!!”. Y agrega: “el argumento regionalista es el más detestable”.

Posiciones integrativas que siempre alentaremos en las bocas de los antioqueños, vallunos, costeños, santandereanos y chocoanos de nuestro país. Y que los periodistas deportivos acaso desconocen, dedicados a vivir de ignorar los procesos sociales y atizar los combates.

3.    La defensora de las mujeres

Y todo esto sin contar con la 'mejor' opinión femenina en el tema del “Bolillo”: la expresada por la rutilante Senadora ‘paisa’ Liliana María Rendón, que no es periodista pero sí la detractora perfecta de la causa de las mujeres colombianas, con su argumento "se lo ganó".

Con defensoras así, no sólo no hacen falta agresores para las mujeres, sino que nosotros podemos respirar con alivio, para decir: qué bueno ser hombre.


Pedro Gambetta

Twitter / @pepgambetta