viernes 9 de mayo de 2008

Columna: El_GLOBITO

CÚCUTA, TESTIMONIO DE POBREZA MENTAL

Inconcebible que un equipo que una semana antes peleaba por ser el mejor de los mejores en la Copa Libertadores, torneo que reune a lo más selecto de los clubes del continente, cumpla la vergonzosa presentación del jueves contra Santos de Brasil.

Cúcuta fue, para sorpresa de todos, un equipo sin convicción, entregado, asustado. Que pena. Perder o ganar es parte de la realidad del fútbol. Carecer de dignidad es otra cosa.

Una actitud que ni la prensa, ni la afición ni las directivas del Cúcuta o de cualquier otro equipo de Colombia, pueden tolerar. Si es que queremos progresar en materia futbolística.

Un partido se gana antes de jugarlo, igual que las guerras. Y Cúcuta, al ingresar a la cancha, ya estaba derrotado. ¿Culpa del planteamiento táctico?, seguramente, pero también, y sobre todo, culpa de la ansiedad de quienes no creen en si mismos.

El problema, una vez más, es mental. Y no vamos a hacer aquí una ‘hermenéutica del susto’ en la mentalidad colombiana (no esta vez), pero si es necesario considerar seriamente, como parte de las estrategias deportivas y las estructuras orgánicas de los clubes y de las diversas selecciones nacionales de fútbol, un trabajo específico y sistemático en lo mental.

Un problema que no sólo reside en la falta de historia y de logros en nuestro fútbol, sino también en la falta de una política de cualificación de nuestro recurso humano.

Yo propondría que los futbolistas, al mismo tiempo que cultivan el cuerpo, estén obligados, como parte de sus responsabilidades contractuales, a cultivar su mente, su espíritu.

Por ahora, en nuestro país un futbolista entrena mañana y tarde, juega los fines de semana y eventualmente entre semana, y el tiempo restante, se planta frente al computador a jugar videos, carcajea y cuenta chistes con sus compañeros, y hace hijos, a la lata. Mientras, su vocabulario se reduce a unas cinco palabras, y a las famosas frases:
“vamos a tratar de hacer los goles y que no nos hagan”…”por ahí nos falto un poco de suerte”…”el que no hace los goles los ve hacer”…”ustedes lo vieron, el arbitro nos manejo el partido”…“el fútbol es así, aún nos quedan puntos por disputar en casa”…

Y todo porque, en últimas, ¿quién dijo que un bufón piensa?.
Hasta que a la temprana edad de 34 años ya no divierta a nadie y el hazmerreir se percate de que el dinero se le ha ido en muchachas y juerga, y no se ha leído nunca un libro en su vida. Y entonces aparecen los miles y miles de Jaime Morón que en nuestro país mueren en la miseria y el olvido.

Para evitar este triste paisaje deportivo, Coldeportes debería promocionar una política permanente de desarrollo humano del futbolista y del deportista en general, promocionándolos como símbolos colectivos de seres humanos integrales, más allá de los estímulos de coyuntura cada vez que hay Juegos Olímpicos.

Acciones institucionales que debería incluir la regulación del porcentaje de tiempo dedicado por el futbolista al juego, que no por más intensas las jornadas arrojan mejores réditos deportivos. Evalúen los clubes europeos, por ejemplo, donde esa ansiedad de la concentración permanente y la jornada mañana-tarde está mandada a recoger.

Sin un capital humano de calidad, no hay desarrollo en ningún frente, sino cosificación del ser humano. Con las consecuentes carencias mentales y debilidades de carácter. Que en el fútbol aparecen como el patético utilitarismo del futbolista. Ese es el problema de fondo.

sábado 26 de abril de 2008

El_Globito / Columna

¿PERIODISMO DEPORTIVO?

¿Porqué en el transcurso de un partido televisado, nuestros jóvenes (y no tan jóvenes) comentaristas de fútbol no pueden superar la reiteración de obviedades y lugares comunes?, ¿porqué tan lejos de la capacidad de establecer un mapa claro y fundamentado de las variantes que plantea la contienda futbolística?. ¿Es muy difícil?, pues no debería.

Yo personalmente me sentí maltratado hace unos días, cuando en la transmisión del último clásico DIM-Nacional (Copa Mustang), Ricardo Henao Calderón afirmó a través de los micrófonos del Canal RCN: “…es que no hay nada que comentar…”, en protesta porque durante un largo trecho ninguno de los dos equipos llegaba con peligro al arco del otro.

La falta de criterio que en materia futbolística denota el comentario, reside en que reduce la complejidad del juego al simplismo emocional de la adrenalina del gol. Habría que recordarle al periodista (¿) que un gran partido de fútbol podría no tener goles, y viceversa, que un partido cuyo marcador final sea 8 a 5 podría ser aburridísimo y desabrido.

El problema es que para ser periodista deportivo en nuestro país (de cualquier deporte, no importa, relleno al fin y al cabo), basta ser simpático, tener un buen registro (dudoso en el caso de Henao) y algún Vélez que avale la integración al juvenil y poco exigente entorno mediático.

Una cosa, estimado amigo, es ser presentador de noticiero, buen negociante (fama de Henao), hacer chistes en ‘Fuera de Lugar’ (donde Henao se veía muy, pero muy bien), y otra muy distinta dedicarse con juicio y disciplina al tema del deporte, en especial al juego del fútbol; para, sólo entonces, tener la certeza de encarnar la capacidad y la vergüenza suficiente para asumir con franco profesionalismo el rol de periodista deportivo.

Pero no, la ligereza y el folclor con que se asume en Colombia este oficio supone que, en el caso de fútbol, se puede salir y entrar del ejercicio de comentarista sin la necesidad de estudiar permanentemente otros partidos ni enterarse de la evolución del juego en el planeta.

En efecto, más allá de las imposiciones de los medios de comunicación (que todo lo vuelven farándula y raiting), hay muchachos que no tienen ni cinco de ganas de darle estatura de oficio al periodismo deportivo.

Muy cómodos en el superfluo papel de comodines y convencidos de lo poca cosa que es ser comentarista de fútbol, se les adivina a kilómetros el relax, la falta de mística y pasión, la pereza de introducirse a las profundidades históricas y tácticas del juego.

Seguro que (cuando no los asalta la soñolencia del guayabo de la laaaaaaaaaarrrga rumba del día anterior), si tuvieran que elegir entre quedarse viendo los partidos de las ligas de Inglaterra, Italia o España, o salir a comerse un helado con su consorte, no tendrían dudas: elegirían comer (el helado).

Y no es que el helado esté mal, ni más faltaba. Incluso lo recomiendo. Pero ¿es mucho pedir que se lo coman mientras aprecian un contragolpe de Rooney-Tevez-Ronaldo, un tiro libre de Totty o una gambeta de Agüero?... Cualquier comida, les aseguro, les sabrá mejor en medio de un buen partido de fútbol.

La responsabilidad de los comentaristas deportivos, más allá del simple usufructo de la pantalla y el figurín, es asumir el compromiso de generar en Colombia una dignidad y un nivel de perfección en el ejercicio del deporte. Los malos resultados deportivos, también son un juicio al periodismo.

En este punto, les hago una modesta sugerencia:

Con sólo escuchar en Fox Sports los comentarios de Diego La Torre a los partidos de la Copa Libertadores o de la Premier Ligue inglesa, estarán asistiendo a una mini-cátedra de análisis futbolístico. Y gratis.

La Torre, con un solo golpe de vista, tiene en la cabeza el comportamiento táctico de un equipo, pasando rápidamente a desvelar el grano fino de la dinámica del juego y de los comportamientos personales de los participantes; al mismo tiempo que sugiere alternativas precisas para el mejoramiento de cada equipo. Todo un maestro.

Para mí, el mejor comentarista de fútbol en varios kilómetros a la redonda. ¿Te dejarán tiempo tus negocios para escucharlo, Richi?.

Pero el folclorismo mayor de nuestros medios en materia de análisis futbolístico, es, sin duda, esa tendencia a suplantar el reposado raciocinio por dos actitudes al tiempo aberrantes y peligrosas:

La primera, es la arcaica e infantil argumentación desde los regionalismos, al modo Edgar Perea, que cuando se critica a cualquier jugador de Júnior o de la costa Caribe, sólo alcaza a decir, como buen subordinado de Guido Nule: “es que tú odias a los costeños”. Por favor.

La segunda, es el triste espectáculo de la trifulca y el mechoneo público, todo porque generan más raiting ante el incauto público colombiano los insultos entre Perea y Rentería que el abordaje sobrio de un partido.

Está bien que en el fútbol se muevan las más bajas pasiones humanas, relacionadas con la guerra y la disputa, pero, señores, tratemos de darle altura, ¡ya están muy viejos para eso¡. Piensen en Colombia, que Ustedes después son los primeros en quejarse de la matazón en que vivimos, como si no tuvieran ninguna responsabilidad en el asunto.

En el fondo de las anécdotas señaladas persiste, en realidad, el profundo minusvalor que nuestra sociedad asigna al deporte. Cenicienta permanente de los presupuestos públicos.

Mientras las grandes culturas aman en la competencia deportiva no sólo la conquista de una dignidad de nación, sino el respeto a la persona a través de su realidad orgánica más inmediata, ¿qué se puede esperar de una sociedad donde el símbolo del respeto al cuerpo es la motosierra, o el famoso “corte corbata”, una tortura más colombiana que el Pibe Valderrama?.


Arq. Pedro Gambetta


futbolvibrante@gmail.com / pedro_gambetta@yahoo.es


PD.

Es la hora en que resultan admirables, ejemplos de profesionalismo como los de Iván Mejía o Javier Hernández, que se han peleado a pulso no sólo la dignidad de periodistas deportivos sino, más exactamente, la de analistas de fútbol.

Caso aparte el de Hernán Peláez, que, whisky en mano y lejos del mundanal ruido, en su época (que pena, pero el tiempo pasa) formó desde la ‘Polémica’ radial de Caracol una red periodística a escala nacional, sin antecedentes en su momento. Un hito aún por dimensionarse en la historia del periodismo deportivo del país
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miércoles 19 de marzo de 2008

El_Globito

EL “PECOSO” VÉLEZ

A Carlos Antonio Vélez no le gusta el “Pecoso” Castro porque es una persona chabacana y mal educada, y también porque en once años de militancia, el actual técnico de Santa Fe no ha conseguido nada en el fútbol. Esas han sido sus palabras.

Y no me extrañan esas afirmaciones del Sr. Vélez, experto en evadir la emisión de juicios precisos y fundamentados, detrás de un hablar fastuoso y una gestualidad de dictadorcito de Republica bananera.

Tan pequeña es la impronta personal de Vélez, que ha sabido rodearse en RCN de una cantidad de jovencitos y jovencitas que, aunque muy bien intencionados, en materia de fútbol les hace falta bastante, a la mayoría incluso hasta vocación. Todo para evitar la compañía de conocedores de trayectoria que nunca le dirán “Profe”.

En ese punto, Peláez, Mejía, Hernández Bonnet, y el mismo Adolfo Pérez, no le han tenido miedo a acompañarse de pares, para hacerse grande con los grandes. Así, acostumbrado a relacionarse con súbditos que le dicen siempre “sí” mirando al piso, en Fox Vélez recula frente al criterioso y sin complejos Iván Mejía.

En relación a sus juicios al “Pecoso” Castro, a Vélez habría que recordarle que no sólo en nuestro país, sino en toda Latinoamérica, el fútbol es una opción de vida para habitantes de periferias sociales que difícilmente llegarían a bachillerato sin la pelota, bendita pelota.

Es decir, Vélez ha estado rodeado toda su vida de gente mal educada y chabacana, y parece que no se ha dado cuenta, al espetarle al “Pecoso” una cruda acusación con la que, además, irrespeta a la gran mayoría de los ciudadanos de Colombia, que se debaten entre el analfabetismo y la sobrevivencia a gatas.

País de chabacanes y mal educados, de gente ¡fuche!, diría Vélez desde los cocteles con Ardíla.

En segundo lugar, aquello de que “el ‘Pecoso’ no ha conseguido nada”, se lo debía decir también a Retat, a Kiko Barrios, a Vanemerack, a Alexis García… en fin, a todos los técnicos del fútbol colombiano.

Además, ¿a que se refiere Vélez al afirmar “no ha conseguido nada”?...

Ese tipo de afirmaciones generales y simples, que suponen un criterio elaborado y en realidad no superan el nivel de la personalización y la provocación, son rencillas fáciles de generar en la atmósfera de un juego como el fútbol. Una situación que Vélez convierte en plataforma de marketing, para lograr una figuración que por la vía de la ponderación y (él sí) de una fina educación, no tendría nunca.

Siendo así, ¡que vivan los chabacanes!, por siempre.


Arq. Pedro Gambetta
pedro_gambetta@yahoo.es

domingo 2 de marzo de 2008

MOSQUERA Y FABREGAS, MORENO Y RIVALDO

La manera como transporta la pelota Luís Fernando Mosquera, actual jugador de Santa Fe, su capacidad de separar el desplazamiento propio del desplazamiento del balón, pertenecen a un estilo de control que sólo he visto a Cesc Fabregas, que desempeña funciones parecidas a las suyas en el Arsenal ingles.

Es un tipo de control a distancia, que surge de la confianza en la capacidad técnica, y que permite autohabilitarse, es decir, lanzar la pelota y calcular sobre la marcha su rencuentro con ella más adelante.

Así ha logrado los dos últimos goles Mosquera; y seguro seguirá haciéndolos.

Además del cambio de ritmo, Mosquera también tiene el sentido del pase al vacío, que Fabregas también práctica con eficacia. Pinto tiene en Mosquera una muy seria opción para la Selección.

Quizá en lo que debería mejorar, es en la capacidad que tiene de llamar y recibir faltas. Un jugador de esas características, siempre referente de su equipo, sino adquiere una gran astucia para defenderse, transformando las intenciones de falta en tarjetas para el enemigo, visitará muchas veces el hospital y poco podremos disfrutar de su juego.

En la misma línea de las comparaciones, varios han visto en Giovanni Moreno un patrón de jugador parecido a Rivaldo. Al respecto, debo decir que en las muchas veces que vi a Rivaldo jugando con “A Coruña” y con el Barca, ni con su biotipo ni con su juego encuentro parecido.

Rivaldo es cascorvo, juega con el balón pegado al piso, amarra la pelota, Moreno no. Rivaldo no va nunca al cabezazo, Moreno sí. Incluso, Louis van Gaal usaba a Rivaldo de puntero izquierdo (motivo de muchas disputas entre ellos), un lugar que Moreno nunca ocuparía. En fin.

Para Giovanni en particular, antes que parecidos hay que buscarle el lugar adecuado en la cancha, donde pueda fluir su fútbol. Mosquera, en cambio, ya es una realidad. Es decir, aparte de las naturales similitudes que pueda suscitar su juego con futbolistas de otras latitudes, lo más importante es que se parece a si mismo.


Arq. Pedro Gambetta
pedro_gambetta@yahoe.es

domingo 24 de febrero de 2008

El_Globito / Columna

DOS GIOVANYS Y UN MOSQUERA

Al muchacho Giovany Moreno de Envigado, tan promocionado ultimamente, y que Santiago Escobar descartó en su momento como jugador de Atlético Nacional, hay que darle tiempo y, sobre todo, saberlo ubicar.

No estoy seguro de que el número 10 sea el suyo. No sólo porque su biotipo no coincide con el puesto (criterio que no es un capricho, sino el resultado de años de juiciosos estudios tácticos y atléticos), sino porque se le nota incomodo en la función de armador. No siempre el puesto que más le gusta a un jugador es el apropiado para sus condiciones.

En el desarrollo del partido, su potencia para repentizar y buena larga distancia son innegables. Sin embargo se desconcentra, se desconecta del partido (de pronto por la edad) y, adicionalmente, tiende a tirarse muy atrás, tropezando con el volante de marca.

Yo personalmente lo veo más de centro delantero. Muy parecido a Peter Crouch, el flaco de Inglaterra y el Liverpool, pero con una capacidad adicional, la de tirarse atrás y salir jugando, virtud que el ingles no tiene.

Otra cosa es Giovanni Hernández. Mucho taquito, mucho pelo recogido, pero “de aquello nada”. Podrá descrestar en otros países, pero aquí no.

El que sí es una revelación y a mi modo de ver una alternativa seria para la Selección Colombia, es Luis Fernando Mosquera. Un jugador con una técnica exquisita, visión amplia del campo, cambio de ritmo y sentido del pase al vacío.

Pero claro, tiene a Leider Preciado, que es contundente y juega sin pelota, haciendo diagonales y arrastrando marca. Un socio que en la Selección no tendría, y que incluso a Macnelly Torres aún le hace falta.

Arq. Pedro Gambetta pedro_gambetta@yahoo.es

COLOFON.
Nuestros narradores de fútbol deberían ser más respetuosos con la audiencia. Responsabilizan injustamente, por buenas o malas jugadas, a los jugadores equivocados. Y se hace los locos.

Les recomiendo dos ejercicios: el primero, estudiar el juego y a sus protagonistas.
Ser narrador de fútbol es más que tener buena voz y hacer chistes, pues implica tanto una responsabilidad con el oficio de comunicador, como la obligación de construir una tradición seria de periodistas deportivos en nuestro país, donde el fútbol ha sido manejado con ligereza y folclor.

El segundo: cuando nombren al jugador equivocado, corrijan y pidan disculpas, como hace los narradores argentinos. Y no es un aspecto anecdótico del juego, es un asunto ético: ser veraz cuando uno habla de la gente.

viernes 22 de febrero de 2008

El_Globito / Columna

HERNANDEZ BONNET, IN MEMORIAN

Yo todavía no entiendo como hace Javier Hernández Bonnet para acumular en su mente de adulto mayor (bueno, ya casi, ¿no?; lo que pasa es que el tinte confunde), los más mínimos detalles de una conversación, seguramente memorable, que tuvo hace 30 años con el técnico de la Selección Antioquia, o los puntos y comas de un artículo que leyó en la pagina 32 de una revista deportiva de Manizales, en su edición número 5 de febrero de 1968...

De pronto, en medio de la transmisión de un partido de Copa Libertadores, nos sorprende con una perla del tipo: “cómo dijo Neesken en el mundial de fútbol de 1974, en medio de una discusión con su hermano, con quien compartía alcoba….”

Y uno suspirar. Y en medio de la consternación, sólo alcanza a exclamar: “¡uaahoooo…que meemooooooooooriiiaaaaaa…!!”.

La próxima vez que sentencie uno de esos extraordinarios apuntes, yo si le agradecería a Hernández un pie de página, un asterisco aclaratorio, en fin, alguna pista que fundamente sus aseveraciones.

Sobre todo, sería bueno que la minuciosa remembranza fuera pertinente, es decir, que no nos traiga a colación, en medio de un partido Pereira- Bucaramanga, una zancadilla en mitad de cancha sucedida en medio de la segunda ronda de la Copa Africana de naciones de 1903, todo a propósito de un mal saque de banda de Sherman Cárdenas o porque al “Peinadito” Ospína se le dio por escupir en el piso…

Podría ser útil, pero no lo tenemos claro, por ahora. O mejor: tenemos que hacer un esfuerzo muy grande para establecer el puente, y requerimos (que pena) una piadosa asesoría. ¿Si Javier?.

En todos los casos, siempre preferiremos la retentiva setentera, corta y selectiva, de Martín de Francisco, que nunca sale del triangulo de Richi Rey, el Deportivo Cali del “Tigre” Benítez, y Gregor Lato, el goleador polaco. Un poco simplón, pero uno lo entiende.

Arq. Pedro Gambetta pedro_gambetta@yahoo.es

miércoles 20 de febrero de 2008

El_Globito / Columna

FÚTBOL ESTÁTICO, FÚTBOL DINÁMICO

En reciente triunfo 4-1 de Independiente contra Tigres, en el fútbol argentino, el comentarista señaló que “no su puede hablar de táctica sin nombres propios”, aludiendo a esa manía de comentaristas y técnicos de especular interminablemente con los esquemas del fútbol (4-4-2, 4-3-3, 4-3-2-1, 3-5-2, 3,4,2,1...etc.) para comprender o abordar un partido.
“Puro verso”, decía, dando a entender que son los jugadores (los verdaderos artistas) y no los esuemas los que se encargan de darle forma en la cancha a la realidad del juego.

En el comentario hay un debate futbolístico muy antiguo, y sin salida: ¿debe interpretar el esquema a los jugadores, o son los jugadores quienes deben interpretar el sistema?...

Pues ni lo uno ni lo otro. Primero, porque un técnico no puede prescindir totalmente de su vocación y educación futbolística, a la cual intenta que sus jugadores se adecuen. Y segundo, porque un esquema debe ser tan flexible que los jugadores no sientan su cumplimiento como una perdida de identidad o un pesada obligación; sino, muy al contrario, deben sentir que el esquema los interpreta plenamente en sus capacidades, e, incluso, les muestra capacidades técnicas que no sabían que tenían, mejorando así la capacidad de divertirse, que es de lo que se trata el fútbol.

El esquema es un ex ante del juego, por tanto corre los mismos riegos de la planeación empresarial o gubernamental, que son un cálculo, un supuesto, una probabilidad, en fin, una ficción.

Frente a esa única manera hipotética e infructuosa que tenemos de apropiarnos de la realidad, Heisenberg formuló el famoso “principio de incertidumbre”: ningún conocimiento es cierto, todo es una invención nuestra.

¿Qué podemos hacer entonces?.

Pues aceptar que nuestra realidad es dinámica, no estática ni esquemática, que todo es proceso e intercambio, transformación permanente, que todo está en camino de fundación.

Lo que en términos futbolísticos quiere decir “saber leer” el desarrollo del partido, actuar sobre el proceso, pues proceso es lo único que existe. Así, aunque no podamos prescindir de los esquemas y patrones en cualquier ámbito de nuestra vida, sí les podremos dar su justo valor, sin ser sus esclavos.

Hay una gran sabiduría en saber prescindir a tiempo de los esquemas, a favor de detenernos en el proceso, lo que Manfred Max-Neef, premio Nóbel Alternativo de Economía, denominaba “devenir en estar de alerta”, una capacidad que todo ser humano debe fomentar en su carácter.

Y ponía un ejemplo: cuando un hombre se está ahogando en el mar, si lucha contra la corriente (si impone esquemas) se ahoga; si, por el contrario, sabe plegarse a la corriente (comprende la dinámica), convirtiéndose en alga marina, se salva.

Así, decía Max-Neef, el que quiere lograr a toda costa sus propósitos y quiere abrirse espacio en el mundo con sus esquemas, sin hacer concesión, se pierde de los secretos destinos que el camino le depara en sus variantes, y que son los que le corresponden, los que ha buscado siempre.

Uno se encuentra con el paraíso todo los días, culpa nuestra si no lo vemos, decía Borges.

Para Jorge Luís Pinto un consejo: mucho cuidado con nadar sin salvavidas en el mar o en cualquier piscina de motel. Seguro que no sale vivo.

Arq. Pedro Gambetta pedro_gambetta@yahoo.es